Me, Myself & My Kitchen

Categoría: Retos

Un reto y una ensalada de lentejas

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El otro día se me ocurrió un reto. No sé si por vaga o por el hecho del reto en sí. Consistía en que Elena pasase por el mercado antes de venir a casa y cogiese, al azar, o por lo que le llamase la atención en ese momento, unas cuantas cosas en el mercado. Con esos ingredientes yo haría la cena en menos de media hora. Para que el reto además no nos hiciese sentirnos culpable había pensado en centrar su atención en el mercado en el puesto de verduras. Iba a ser una forma de intentar comer mejor: no solo comer verduras, sino verduras frescas y no restos semi resquebrajados que llevan un mes en la nevera, y de inventar recetas sobre la marcha.

¿El fallo? que para cuando Elena sale del despacho…ni verduras ni torreznos ni he aguantado yo sin cenar, así que mi brillante plan parece que se va al traste. ¡Con lo encantada que estaba yo con mi idea!. No sé si bajar con los ojos cerrados a la frutería, que me de cuatro vueltas el frutero hasta que me maree, y señalar hacia tres puntos para elegir al azar los ingredientes de lo que será mi cena. LO tengo que meditar…

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Mientras tanto lo que sí os puedo enseñar es una ensalada de lentejas que está buena. Parece una frase tonta, pero ojo, no lo es. Llevo AÑOS queriendo hacer una ensalada de lentejas buena, pero o las lentejas no quedan bien cocidas, o el aliño no me gusta…no sé…debe ser mi naturaleza puñetera que se empeña en intentar conseguir lo que parece imposible. La solución a todas mis penas la encontré en el libro de Ottolenghi que hace que te den ganas de coger un vuelo a Londres solo para ver esos mostradores con esas montañas de comida que te llaman sin parar. Como los billetes de avión están un poquito caros lo que sí puedes hacer es arrasar en el mercado comprando verduras y hacer alguna de sus ensaladas para llevarte al trabajo de tupper, ya que muchas de las cosas que tienen son para comer a temperatura ambiente.

Esta ensalada en concreto está buenísima: no es ni demasiado fuerte ni demasiado ligera. El bacon y el queso he de reconocer que ayudan, pero definitivamente lo que creo que es la clave es ese aliño a base de chalotas, aceite y vinagre que hace que el plato sea súper sabroso. De hecho el día que la probé hubo más conejillos de indias que estaban dispuestos a que no les gustase nada, pero a los que les gustó.

¡Así que no hay excusas! Mientras yo me debato entre el experimento de taparme los ojos en la frutería o preparar algún tupper para luchar contra los muslos prominentes que se me están poniendo gracias a la comida del comedor del trabajo, os dejo hacer la ensalada. Además…si este año no va a hacer calor hasta septiembre, esta ensalada ¡deja de ser una opción solo de invierno!.

Ensalada de Lentejas, Bacon y Gorgonzola

(para 2-4 como entrante)

Yo adapté un poco la receta a lo que tenía: en lugar de echar cerezas ácidas secas eché pasas, y creo que el punto dulce le venía bien, así que cada uno que innove en función de sus gustos. Todavía no soy una experta en lentejas pero me da la impresión de que el tiempo de cocción varía de unas a otras, con lo cual recomiendo las lentejas verdes y no las del puchero de lentejas de toda la vida, pero si alguien es más entendido/a en estos lares, que se guíe por su instinto. Por último pongo las cantidades exactas que vienen en el libro pero yo estas cosas prefiero hacerlas a ojo.

125gr lentejas verdes (puy lentils)

2 hojas de laurel

2-3 chalotas (también valen cebollas – menos, lógicamente)

3 cucharadas de agua

1 cucharadita de azúcar

60gr pasas

70ml vinagre de vino tinto

8 lonchas de bacon

80gr espinaca baby

120gr queso gorgonzola

aceite de oliva, sal y pimienta

1. Lavar las lentejas con agua fría y escurrir con un colador. Echar en un cazo con suficiente agua para cubrirlas tres veces, añadir las hojas de laurel, calentar el agua hasta que hierva y, tras bajar el fuego, dejar que se cuezan durante unos 20 mins, hasta que estén “al dente”.

2. Mientras tanto, hacer la salsa: cocinar las chalotas en una sartén con un poco de aceite y un poco de sal a fuego medio hasta que estén blandas y doraditas. Añadir el agua, azúcar, pasas y vinagre y dejar reducir unos minutos hasta que la salsa quede espesa. Salpimentar.

3. Cuando las lentejas estén hechas, colarlas y echarlas inmediatamente en el cazo con la salsa para que absorban todo su sabor. Remover, probar y ajustar la sal otra vez. Tener en cuenta que luego añadiremos el queso y el bacon que son salados. Dejar a un lado a que se enfrie.

4. Freir el bacon y colocar en un plato con una servilleta para que absorba el exceso de grasa.

5. Cortar el bacon en trozos y añadírselo a las lentejas, junto con las espinacas baby y los trozos de queso gorgonzola.

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Diario de cenas de días corrientes: El Martes

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Las cremas de verduras son como las infusiones: quieres que te gusten más de lo que te gustan. No es que estén malas, pero no se me antojan como un mcbacon. Es como el rooibos dichoso: que no, que hay veces que te apetece un café y punto. ¿Que es peor? pues lo será, pero sabe a gloria bendita y te espabila más que las hierbas esas.

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Como el año pasado lo intenté con las infusiones y algunas he conseguido que me gusten, este año tocan las cremas. ¿A qué viene esa obsesión? Pues básicamente a dos razones: una, que las haces un día y tienes para cuando quieras y dos, que mi padre afirma haber llegado a un peso récord (para abajo) gracias a las cremas. Si él, que presume de haber comido, yo que sé, 70 chuletas de cordero en una sentada o 50 gambas, puede, ¡yo también!. Eso sí, para que sean efectivas, esto no puede ser como lo de las ensaladas con bacon, queso y  alguna que otra bomba calórica.

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En el caso de las cremas debe ser cuestión de pillarles el punto y buscar recetas “con gracia”. De hecho las que tomas en las casas no tienen nada que ver con las de los restaurantes: ni la textura es tan fina ni los sabores tan conseguidos. Como hay que empezar por la acera, no me voy a lanzar a hacer una crema de boniato con tamarindo y leche de coco. Eso sí, os aviso: las cremas son fáciles pero un poquito guarras. Primero está la batidora de vaso: la llenes por donde la llenes, pongas el trapo que pongas encima de la tapa y sujetes con la fuerza que sujetes algo se mancha fijo. Después te toca pagar el peaje del colador, chino o sucedáneo. Yo, que llevo toda la vida evitando tamizar la harina porque ODIO el colador ese grande que tengo guardado en un cajón, para las cremas me resigno y lo saco. Aunque te mate, hazlo porque a menos que tengas una super thermomix, va a quedar mucho más fina y rica.

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Como una crema solo resulta aburridillo hicimos unas tostadas de pan de espelta con queso (brie, porque era lo que teníamos) y estos tomates de los que ya os hablé que son un invento: están que te mueres y son súper fáciles de hacer. Para hacer la crema necesitaréis(yo hice como para dos dos o tres días, pero todo depende de lo espesa/caldosa que te guste): 5 puerros, que, cortados finitos y con un poco de aceite, sal y tomillo puse a rehogar a fuego medio. Una vez estén blanditos y un poco doraditos, añadimos agua hasta que los cubrimos (y un par de dedos más) y dejamos a fuego bajo-medio una media hora. Mi madre me dijo que estas cremas se espesan con patata, así que esto vuelve a ser gusto del consumidor: yo eché una pequeñita porque quería más sabor a puerro que a patata. Pasado este tiempo, trituramos, colamos y lista para adornar con un poco de nata, pimienta, cebollino o la hierba que se os ocurra. Lo de la nata reconozco que es más por estética que por otra cosa… Os dejo con una canción de estas que te animan, ¡que ya estamos a mitad de semana!

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Diario de cenas de días corrientes: El Lunes

Un día difícil el lunes…parece que también se refleja aquí: una foto de la que no estoy muy orgullosa y una pasta utilizando las judías que me quedaron el domingo (ya os dije que las bandejas vienen calculadas para una familia de 15…¡gemelos!). No es que sea nada especial, pero es lo de siempre, con un poco de parmesano, pimienta y vino blanco, te sacas una pasta decente de debajo de la manga ¡en menos que canta un gallo!.

El otro día comprando parmesano descubrí el dilema de todo comprador gourmet en enero. Primero tengo que aclarar unas cuantas cosas: a finales de enero las hermanas Martínez preferimos no consultar la cuenta porque digamos que todo lo que se enriquece Amancio Ortega nos empobrecemos nosotras. Además hay que tener en cuenta que las hermanas Martínez le echan parmesano a todo. Da igual, lo consumimos a cantidades industriales: en pasta, en ensalada, en tostada….un día de estos se lo echo a una tarta…

Lunes...
Pues bien, teniendo en cuenta estos antecedentes, me vi el otro día ante un dilema: ¿comprar la versión menos buena pero más económica: el “grana padano” o tirar la casa por la ventana con el regiano?. Dudé, reconozco que dudé: mi lado gourmet combatía con mi lado austero (hasta hoy no sabía que tenía) hasta que, finalmente, ganó mi lado austero-práctico. 200gr por 9 euros para que lo ralles encima de cualquier cosa y la mitad acabe en la encimera o en el suelo de la cocina…¡como que no!. Mi lado gourmet se avergüenza, y mucho. De hecho piensa que este tipo de cosas no debería contarlas en este tipo de sitios,  pero este mes he dado rienda suelta también a mi lado “sigue a Elena en su cruzada por descubrir tiendas en las que una camisa blanca sencilla sencilla en rebajas cuesta 100 euros pero que, nada más verla sabes que quieres, que necesitas y que no puedes vivir sin ella” y en un mismo mes una no puede tener tantos lados, así que, sientiéndolo mucho, reservo el gourmet para los otros 11 meses del año.

Al tema: la pasta. Esta receta vale para cualquier pasta con cualquier verdura que tengas por casa: salteas la verdura con aceite y sal mientras cuece la pasta y mientras encargas a tu pinche de cocina que vaya rallando los 200gr (vale, me he pasado, pero un buen puñado) de parmesano (barato-shhhh no se lo digas a nadie). Cuando las verduras estén hechas, añades un buen chorro de vino blanco a la sartén y cocinas hasta que se evapora el alcochol. Mientras tanto tu pinche ya tendrá la montañita de parmesano preparada, a la que añades un poco de pimienta molida y cualquier otra hierba/especie que pegue: tomillo, nuez moscada…Como os he contado otras veces y para el asombro de tu pinche antes de escurrir la pasta coges una tacita de agua de cocción y la apartas (por si hace falta). Llegado el momento de la verdad escurres la pasta, la echas a la sartén con la verdura y la salsita, lo mueves bien apartado del fuego y añades el parmesano. Aquí es donde si ves que la cosa está quedando un poco seca tirás del agua de cocción que has cogido (poco a poco) para soltar la salsa. Y ya está: pasta para aprovechar lo que tengas en la nevera y que encima ¡está buena!

 Un regalito sorpresa!!!

Como la foto de la pasta estaba un poco sola, casi que meto también la del regalito que me acaba de traer Elena a casa. No es por dar envidia ni nada…solo os digo que si pudiera y tuviera un poquito menos de sentido del ridículo me lo pondría mañana para ir a trabajar…el viernes para salir (o quedarme en casa), el sábado idem, el domingo idem….

Diario de cenas de días corrientes: El Domingo

Festin sano!

¡Allá vamos!. Empiezo por el domingo porque si en una semana hay 5 “días de diario” se puede considerar que la cena del domingo es más “cena de diario” que la del viernes. Dicho de otra manera, es más probable que cenes en tu casa el domingo que el viernes. Como os dije esto va a ser algo realista, así que va a haber aprovechamiento de sobras y cosas sencillitas. Si a alguien le sirve para animarse a hacer algo o para sacar ideas de “aprovechamiento”, seré la mujer más feliz del mundo. Si os parece que se me ha ido la pinza, me lo decís también no sea que os vaya a dar la lata con historietas de estas todas las semanas. De hecho ahora que lo pienso otra semana puede ser….cosas para el desayuno…hmmmm. Bueno, ¡acepto sugerencias!

Al tema, que son las 6 de la tarde y tengo que publicar esto, hacer la cena de hoy, las fotos y dormir, en ese orden de prioridad. Ayer domingo aproveché que una pasa más tiempo en casa y que tengo cierto problema calculando cantidades y tiré de sobras de la comida para cenar. Algo perfectamente digno y que hacemos todos. Ya que haces algo, pues haces un poquito más. Además hay veces que compras verduras y oye, parece que es imposible encontrar un paquete con la cantidad para lo que quieres hacer. Siempre viene como el triple o cuatro veces la cantidad que necesitas.

Como el sábado volvimos a comer a Olivia te Cuida y llevo toda la semana babeando con el libro y la filosofía detrás de Rose Bakery, hice una comida de estas a base de verduras y granos que tanto se llevan: en un mismo plato una ensalada, unas verduras salteadas y un grano con frutos secos. Antes de que penséis que me he vuelto una histérica de las que no comen nada derivado de los animales os aviso: sigo siendo carnívora y mucho. Eso de ser vegana, sinceramente, me parece una estupidez. Respeto a quien lo es pero aquí de toda la vida hemos sido omnívoros y estamos hechos para eso. Es como si un tiburón dejase de comer peces o piernas de humanos para comer…plankton. ¡Que no!. Además yo en particular no me veo con la fuerza de voluntad necesaria para no probar ni la carne ni el queso ni el bacon (Ay Dios, eso sí que no, ¡no sin mi bacon!). De hecho el otro día Elena y yo nos metimos entre pecho y espalda un par de solomillitos (a precio de oro, eso sí) con salsa de mostaza con unas patatas cocidas que nos supieron a gloria, pero bueno, eso para otro día.

Yo tambien me cuido!

Me centro: la cena (y comida):

Verduras Salteadas

Por no tener en casa no tenía ni ajo, así que compré un poco lo que vi y me apañé como pude: unas judías redondas frescas, un calabacín y unas setas. Salteé cada cosa por separado, lo junté todo al final, unas almendras fileteadas a mi manera: osea, a lo bestia con el cuchillo porque me da cargo de conciencia comprar las fileteadas teniendo enteras en casa. Reconozco que lo que es un rollo es preparar la verdura, sobre todo limpiar las setas con la servilleta, sin agua y con las manos que poco a poco se te llenan de arena…

Verdurass

Bulgur ecológico con frutos y tomates secos

Ecológico porque a día de hoy el bulgur en el chino…como que no. Este es el grano que se usa en el verdadero tabouleh pero esta vez sirvió para una preparación mucho más simple. Seguí las instrucciones del paquete que decían que había que cocer el bulgur en agua salada durante 15 minutos y luego esperar a que se hinchase. Cuando se enfrió añadí unas pasas (en previo remojo), unas pipas de calabaza y unos tomates secos troceados (en previo remojo, pero un señor remojo porque no sé quién narices los secó, pero esta remesa ha salido ¡dura de narices!)

Bulgur...

Ensalada de zanahoria rallada y pipas de calabaza

En Rose Bakery hacen una ensalada de zanahoria rallada con pipas de girasol (osea, las pipas de toda la vida) o de calabaza con una vinagreta de aceite, zumo de limón y azúcar. Pues eso hice yo. Y me gustó. Y si consigues que alguien te pele y ralle las zanahorias y se quede con las manos naranjas, es una ensalada fácil, rica y que con lo del caroteno se supone que te ayuda a ponerte morena (en otros meses, claro).

Zanahoria!

Propósitos de Año Nuevo…

 

Ya estamos todos con los propósitos de año nuevo. Yo voy a pasar de propósitos de “la vida en general” porque acaban degenerando en filosofadas y en el fondo son siempre los mismos. Por eso me voy a centrar en éste, mi querido blog y en el día de hoy, 3 de enero.

2013

¿Que cómo empiezo el año?. Pues más o menos como lo acabé: con retraso. Hay veces que me estreso solo de escucharme a mí misma. Quiero hacer tantas cosas que nunca llego. Nunca llego porque es IMPOSIBLE llegar. Mi cabeza debe pensar que los humanos no necesitamos dormir, que el whatsapp no existe y no te hace perder tiempo…no lo sé.

La rutina de la semana del 2012 ha sido la siguiente: según me despertaba los lunes, mientras iba medio dormida en la ruta (medio dormida unas narices, porque mi cabeza en ese estado parece un partido de tenis de cuadruples, ni dobles ni leches, que si pelota por aquí, pelota por allá…), empezaba hacer listas y el “plan de la semana”. El plan de la semana suponía que cada día podría dedicarle (no sé cómo) unas 5 horas al blog. Llegaba el domingo, que es cuando cambiamos las sábanas de las camas, eran las 11.30pm y Ana todavía no había hecho la cama…pues con el blog, ¡parecido!. De la lista de tareas pendientes acababa haciendo un “tick” en la mitad. El problema es que hasta cuando había conseguido publicar dos entradas esa semana, seguía pensando que ni había hecho pan casero, ni conservas para todo el invierno, ni manteles “home made”. Pero Ana, ¿a quién coño le habría dado tiempo a todo eso?. Yo creo que ni a Jamie Oliver en modo “15 minute meals”.

Por eso mi gran propósito para el año que viene es SER REALISTA. Yo no me puedo aplicar el dicho ese de soñar lo imposible porque se me va de las manos.Voy a intentar ir poco a poco porque si no estreso hasta a los que me rodean. Nada de llegar a casa el viernes y empezar a decirle a Elena que tengo en la lista unas 50 actividades para el fin de semana, que sé que no me va a dar tiempo, pero que ¡cómo me voy a poner a ver una película después de comer si solo llevo hechas 5 de las 50!.

De todas formas como en un día (porque por mucho que digan lo del año antes de ayer era el año pasado) no se cambia a nadie, ahí va una lista de cosas que tengo pendientes del año pasado  que revolotean en mi cabeza asociadas al sentido de culpabilidad que tenías cuando, en lugar de estudiar para el próximo examen, te ponías hasta a recoger armarios. ¡Qué triste madre mía, en vez de propósitos a cumplir tengo propósitos antiguos no cumplidos!

1. Hacer pan casero

Llevo queriendo hacer pan casero, del bueno, del que no lleva levadura, sino que la levadura la haces tú a base de agua, harina y sal, desde octubre más o menos. Tengo el libro, tengo las ganas, me ha faltado el tiempo y encontrar una buena harina porque según dice Chad Robertson en el libro Tartine, no debería usar harina del súpermercado. Ya majo, pues ¡a ver de dónde me saco yo un molino a estas alturas de la vida!

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2. Publicar una entrada de un amigo que me pasó hace un mes o dos y que yo (¡mala, niña mala!) todavía no he publicado

Lo peor es que estaba asociada al otoño y el otoño…digamos que ya pasó. Lo bueno es que en cuanto a recetas se refiere, asumamos que el otoño y el invierno son primos hermanos, así que espero que el autor no me odie por el retraso – ¡de esta semana no pasa!

3. Aprender a cocinar pescado

Ejem ejem…creo que hice un día algo con unos salmonetes que me compró mi madre y ya está. Además se me había ocurrido una idea que me encantó: ir al mercado con la cámara en mano, hacerle fotos al pescado, a la carne, al pescadero, al carnicero y empezar por identificar los distintos peces antes de aprender a cocinarlos. ¿Qué ha pasado? Pues que me ha dado vergüenza, sinceramente. Una tiene mucho cuento, pero a veces se serena y se acobarda. Como sigo pensando que es buena idea y que no soy la única que no distingue un bicho de otro, lo dejaré como algo pendiente para este nuevo año…

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4. Hacer un video

Esta idea siempre me ha gustado. Me falta la casa del campo con las ventanas por las que entra una luz increíble, la encimera de mármol y el carisma de Jamie Oliver o Nigella Lawson. Y en el caso de no querer “sacar la cara” habrá que hacer algo con esas manos y esas uñas que Dios me ha dado, porque así puedo hacer un documental de cajeras del “Día”, más que un video divino de la muerte a lo Tiger in a Jar.

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5. Comprar la fruta, la verdura y los huevos directamente de la fuente: los agricultores

También quería investigar el tema de los grupos estos que se juntan precisamente para eso, pero al final la solución fácil nos la dio el vogue gourmet de enero. Esta semana vamos a probar a hacer un pedido a La Huerta Fresca para probar.

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6. Hacer “el descubrimiento culinario de la semana”

Un día se nos ocurrió a Elena y a mí establecer una rutina: probar  cada semana un queso guay, de esos caros y monos monísimos que da cosa hasta comerse para ir haciendo una “biblioteca del queso” o algo así…Al final lo hicimos un día solo, pero yo creo que este año deberíamos “sacrificarnos” por el blog.

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7. Entradas pendientes

Tengo fotos de cosas que hice hace meses, de las que no he publicado nada y el problema es que cuando se pasa el tiempo, ni la comida es “de temporada”, ni tienes las mismas ganas de contar la historia.

8. Hacer manteles, servilletas y demás

Elena estas navidades se ha convertido en una virtuosa de la máquina de coser, ayer me traje agujas de ganchillo para hacer los rebordes (tranquilos, nada de tapetes de la abuela, esto queda bien, ¡os lo juro!), así que solo me queda ir en busca de telas un día, cortar, coser, hacer ganchillo…¡casi nada, vamos!.

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9. Sumarme a Elena en su cruzada por una alimentación más sana

Un día le voy a capar internet, porque a su conocimiento enciclopédico de productos de belleza, el 21 de diciembre sumó una obsesión por un cambio radical en su vida. Yo lo llamé “Elena y unas navidades ecológicas”. Ahora que estamos todos atiborrándonos a turrón y demás guarrerías, ésta está que si con el rooibos, que si con la rebanada de pan (integral, claro está), con el pavo, con las caminatas de 1 hora (se ve que de 59 minutos no hace nada, pero de 61 te quita la celulitis, la retención de líquidos y vete tú a saber qué más). Como sé que ni ella ni yo renunciaremos al mcdonalds, tampoco creo que haga daño intentar metalizares a más fruta y menos galletas y guarrerías, así que Elena: ¡te apoyo!.

De hecho ahora que lo pienso…podemos hacer un trato… Yo tengo vacaciones de navidad hasta el 8. Si fingimos todos que mi “2012 bloguero” dura hasta entonces y que como este año no ha hecho mucho frio sigue siendo “medio otoño”, puedo tachar alguna cosa de mi lista de cosas pendientes y empezar mejor el año. Además esta semana ¡SEGURO que puedo sacarle 5 horas al día para hacer cosas relacionadas con el blog!.

¡Mierrrda!. Ya estoy no cumpliendo mi único propósito de año nuevo…Bien empezamos…

Como podéis sospechar la mayoría de las fotos de esta entrada son sacadas de pinterest (uno de mis descubrimientos del 2012).

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Retos: Cómo llegar a la dosis diaria recomendada de fruta y verduras

Hoy voy a ser una niña buena. Después de meses y meses publicando recetas de bombas calóricas con su buena dosis de azúcar, mantequilla y chocolate me voy a estregar al “mundo verde”. Me voy a entregar escribiendo, porque luego quiero hacer un bizcocho de chocolate, con ciruelas, eso si, que tengo fichado desde hace tiempo….

No prometo llegar a la dosis diaria recomendada de frutas y verduras con esta entrada. Pero es que la dosis esa se le ha debido ocurrir a algún nutricionista chalado  que se piensa que somos vacas de 500 kilos y que nos pasamos el dia pastando: hierba por aqui hierba por allá. Vamos, es que ni aunque todo lo que me metiese en la boca durante un día fuesen frutas y verduras llegaría al dichoso CDR. Con la grasa, ves, me pasa al revés: me como un twix y tooooma, 300% de la CDR de grasas saturadas cubiertas.  A mí solo se me ocurre una forma de llegar al número de piezas de fruta al dia: a base de uvas, cerezas, y ya si me apuras, guisantes. Así si, así puedes llegarle al señor nutricionista y decirle, orgullosa perdida, que ¡te has comido nada más y nada menos que 30 piezas de fruta y solo son las 3 de la tarde! Allá él si se piensa que lo has hecho a base de manzanas…

Pues eso, que ahí van unos cuantos platitos “apañaos” que, además de llevar verde no tardas nada en hacer.

1. La Ensalada-Tartine Estrella de Jamie Oliver

Desde que le vi hacerla en un programa de los suyos mi vida ha cambiado radicalmente. La hago una o varias veces por semana. Además tiene dos formatos:

1. a) “Me veo gorda”: esos días haces el formato ensalada. Ojo, en mi caso es formato ensalada acompañada de la misma barra de pan que utilizaría en caso de hacerla en plan tostada… ¡viva el auto engaño!

1.b) “Necesito carbohidratos/Me da igual todo”: entrégate a la gula y monta la ensalada sobre una barra de pan tostado crujientito….mmm

Vais a pensar que estoy tonta porque la ensaladita no tiene ningún misterio, pero os lo juro ¡hacedla!. Solo hay que mezclar unos chiles con aceite, sal y un poco de vinagre de módena en un cuenco para hacer la vinagreta, “despedazar” la mozzarella sobre las hojas que hayas elejido, añadir un poco de ralladura de limón si te gusta, sal y pimienta y regarlo todo con la vinagreta.

2. Higos a la plancha conjamón Ibérico

El jamón va en mayúsculas ¡que se lo merece!. Esta opción light lo que viene siendo light.. no debe ser, pero están taaaan buenos… Además los higos ya pueden ser la fruta que más engorda del mundo pero, que yo sepa, siguen siendo fruta. Y el Jamón es patrimonio nacional, así que si todavía queda algún higo en alguna frutería, ¡a probar!.

3. Ensalada de rúcula, calabaza y parmesano…

…alias Ana llega a casa un día y esos tres ingredientes son lo único que hay en la nevera (no miento: LO ÚNICO). ¿Se puede decir que utilicé la imaginación para hacer una ensalada sin seguir ninguna receta? pues más bien no – junté lo que tenía y salió bien, así que si no seguir directamente una receta es crear una receta ¡ale! ¡soy inventora!

PS: a ver si me organizo un poco porque la mayoría de los blogs de cocina son el calendario de las estaciones: que empieza a haber calabaza, plato de calabaza; que empieza a haber ruibarbo, toma ruibarbo. Yo, en cambio, publico higos con jamón cuando no quedan higos en ningún sitio y tengo fotos de un “eton mess” de ruibarbo que me pareció de los postres más ricos y de las fotos más bonitas que he hecho muerto del asco en una carpeta del ordenador…

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