Me, Myself & My Kitchen

Categoría: Recetas Originales

Zanahorias

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Ahora que todo el mundo está con el cuidado del pelo post–verano yo estoy a tope con las zanahorias. Vamos que me voy una semana al caribe y vuelvo negra. La cuestión es que no me voy a ir ni al caribe ni a ningún sitio parecido, lo cual demuestra que cuando yo voy el resto volvéis. Una, que le gusta ir un poco a contracorriente, por no decir un poco retrasada…

Pero vamos que me pasa con la comida y con otras cosas. Desde hace un par de semanas soy la dueña de un flamante par de  converse blancas y es ponérmelas y me siento guay. Ojo, con guay no me refiero a bien, sino a guay. Soy así de boba… Es como si estuviésemos en los 90 y yo fuese la que las estuviese descubriendo en todo el mundo. Lo peor es que siguen blancas impolutas y el dependiente me convenció para que me las comprase “tirando a grandes”. ¿El resultado? Pues el resultado es que parece que llevo un crucero con 2000 parejitas de jubilados en cada pie. Pero me da igual, porque yo voy encantada y aunque a veces me tropiezo (un pie con el otro – no me hace falta un bordillo), ande yo contenta ¡que se ría la gente!

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Volviendo a las zanahorias, como dirían los chefs americanos hoy quería hacer zanahorias “two ways”, que queda bastante mejor que decir zanahorias “de dos maneras”.  En la cocina (y la primera en las canciones también) parece que hay dos reglas básicas: dilo en inglés y sonará mejor y haz una lista de todos los ingredientes que has usado para hacer el plato. Cuando veo Top Chef yo alucino. Te cuentan casi hasta que han usado aceite de oliva para freír las patatas. Tú lo oyes y claro, parece que te están vendiendo unas patatas de la leche cuando son las de toda la vida.

Por lo tanto y siguiendo mi propio consejo el primer “way” es una crema de zanahoria con tomillo, cebolla, eneldo y caldo de pollo. En este caso me he pasado con lo de los ingredientes y me da la sensación de que el truco tiene más chicha que hacer una lista. Lo del caldo de pollo dicho así tal cual sobra….Corregimos: crema de zanahoria con tomillo, eneldo y reducción de pollo (el caldo se reduce, ¿no?).

La cosa ya mejora cuando os confieso que en lugar de sacar la receta (con la reducción de pollo) de un libro de cocina ancestral o de una revista americana especializada llamada gourmet o saveur, la saqué del blog de una mamá bloguera que a Elena le chifla y que a mí, a pesar de estar (un poco) en contra del principio de la  mamá bloguera como concepto, he de reconocer que también: la mítica Bleubird. Un día llegó Elena a casa y me hizo una petición muy clara: “quiero la crema de zanahoria de Bleubird”. No sé si lo hizo porque la ropa no la va a conseguir ni de coña, pero yo obedezco órdenes. ¿Si además me dice que la quiere usar para bajar tres kilillos? Pues yo vuelvo a obedecer y omito la nata de la receta de Bleubird et voilà: la crema de zanahoria: sana, rica y fácil. Igual me tengo que replantear lo del principio de la mamá bloguera…. Por cierto, LA RECETA.

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Del “segundo way” os dejo una foto de las zanahorias rosas que vimos el domingo en el mercado que resultaron no ser zanahorias rosas sino rábanos y que no he conseguido materializar porque con este frío no me ha apetecido una ensalada de zanahoria, rábano, algo de naranja, frutos secos y lo que fuese que se me estaba ocurriendo….

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Vuelta a la actividad

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Sigue siendo agosto, sigue haciendo calor, la mayoría de la gente sigue de vacaciones, no tengo a nadie para quien cocinar, pero yo ya he tenido suficiente inactividad por un año. Quiero encender el horno, probar algo nuevo, buscar a alguien que pruebe ese algo nuevo, encender el ordenador, sentarme y contarlo. Todo eso de carrerilla y casi sin respirar.

Me estoy dando cuenta de que soy como un niño repelente que quiere volver al cole antes de que empiece. Si, me merezco una colleja, pero ¡qué más da!. Ya he tenido un par de meses tontos en los que tirarme al sofá a ver capítulo tras capítulo de series de americanos buenorros encorbatados (Suits), de cocinar sin sacar fotos, de ir a Galicia y a Estocolmo y básicamente, de desconectar.

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Si la función de toda desconexión (incluida la de cualquier aparato que, tras llevar media hora dale que te pego, se recalienta) es  que a la vuelta funcione mejor que previamente a dicha desconexión, creo que esta ha funcionado a las mil maravillas. En julio estaba un poco saturada hasta de mi propia intensidad y ahora ya estoy lista para volver con las pilas cargadas (casi hasta al trabajo).

Por eso y porque  con la cantidad de frutas que hay en verano es un crimen no aprovecharlas y cocinar algo con ellas  solo por ahorrarse unos sudores, me voy a poner manos a la obra. Voy a bajar a por unos melocotones, me voy a poner una horquilla para sujetarme el flequillo porque estoy lanzada pero todavía tonta tonta no soy y no quiero morir en el intento y voy a hacer unas tartaletas de melocotón con…no sé…¿un crumble por encima? ¿algo de romero? ¿unas almendras?. Da un poco igual porque sé que cualquiera de estas opciones vale, que voy a querer probarlas todas y que eso es lo bueno de hacer tartaletas: cada una puede ser un poco distinta de la otra. Además tardan menos en el horno que una tarta grande, así que el sufrimiento también será menor.

En cuanto a la receta es otra versión de la tarta fina de manzana o de las tartaletas de fresa. Puede que sustituya parte de la harina de trigo normal por harina de maíz que tengo a raudales, pero lo bueno es que cada uno puede jugar un poco con la receta en función de lo que tenga en casa.

Las fotos de los viajes de este verano las dejo para la semana que viene, para cuando me entre el síndrome postvacacional y necesite abrir el baúl de los recuerdos.

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Un trozo del campo en la ciudad

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Últimamente no hago más que soñar con vivir en el campo. Siempre me ha gustado la idea de vivir en una casita con un huerto, a ser posible unas gallinas (he de reconocer que no sé si en esto de las gallinas me gusta más la teoría que la práctica), y un porche al que salir a leer después de cenar. De pequeña cuando veraneaba en una casa así me daba cuenta de que no hacía falta mucho para estar bien: nada de internet, poca tele y mucho campo. Ahora sin internet no sé si aguantaría mucho (para qué me voy a hacer la guay), pero creo que cada día necesito menos las tiendas y los restaurantes. Me siguen gustando, eso no lo niego, y lo que tengo claro es que si entro, tanto en tienda o en restaurante, pico. Ahora me apetece más llegar a casa, dejar el bolso y salir al jardín, a sentarme a leer en una hamaca, a dar un paseo o ir a regar el huerto.

Como otra cosa no, pero soñadora soy un rato ya me imagino, a la hora de cenar con una chaqueta saliendo al huerto a por las verduras que usaré para la cena que, por supuesto, cocinaré en una cocina sencilla, pero rústica, con una ventana enorme y, si da el presupuesto, un lavabo antiguo de estos de una sola pieza de porcelana, mármol, o de lo que sean esas preciosidades. La mesa la pondría en el porche en el que ya a esas horas habría una sombra agradable y un fresquito en verano que hace que te quieras poner una chaqueta encima del vestido. Después de cenar, chimenea en invierno y estrellas en verano. Vale, me estoy pasando, pero me entendéis. ¡Quiero campo!.

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Mientras tanto, y hasta que me toque la lotería y haga realidad mi sueño de ir a por huevos de mis propias gallinas en camisa de cuadros y peto vaquero, yo voy a intentar traer la filosofía de la vida en el campo a la ciudad de la siguiente manera:

1. Plantando un huerto urbano. Esto ya lo dejo para septiembre, porque aunque yo en Agosto pretendo pasármelo pipa, el huerto aquí triste y solo…como que no. Hasta ahora lo único que he plantado han sido hierbas aromáticas en las ventanas, pero cuidado, que ¡este otoño Ana la agricultora viene con fuerza!. Ya os contará si no solo viene con fuerza y si llega a algún sitio…

2. Ir a la compra prestando más atención. Con esto me refiero a ir al carnicero y pescadero en lugar de comprar la carne y el pescado en el super, a comprar huevos de gallinas en libertad aunque sean un poco más caros (pensad que es menos de un euro de diferencia y en las pobres gallinitas). Lo que no hago y quiero empezar a hacer es ir los domingos a los mercados de verduras que montan en los que, en teoría, venden casi directamente los agricultores. Si pensáis que soy boba y que en lugar de los agricultores los que venden son los gitanos que les compran la fruta y la verdura, pues oye, no me importa. No veo al gitano con cámaras frigoríficas, así que más reciente que lo que solemos comprar ¡sí que será!

3. Hacer en casa desde cero cosas que sueles comprar hechas. Esto me encanta. Es como una droga. Si encima son cosas que puedes embotellar, empaquetar y que van a la despensa…¡más! Es como volver al pasado, a autoabastecernos de alguna manera. Ver cómo dos horas de tu tiempo bien empleadas crean algo que puedes guardar en un bote esterilizado que aguantará meses en un armario hasta que quieras usarlo…

Cada día tengo más claro que si no hacemos las cosas nosotros desde cero es porque no lo hemos probado. Cuando no has hecho algo nunca, te piensas que es difícil, le coges respeto y acabas optando por la vía fácil de la repisa del supermercado. Pues te juro que en la cocina nada es difícil (aparte de los “macarons” que tienen muy mala leche), que todo es cuestión de querer y de ponerle ganas, y que la satisfacción que te proporciona el hacer algo tú mismo y guardarlo en un bote en la cocina con una etiqueta es mucho mayor que la que te puede dar el viaje al supermercado. Por no hablar de los conservantes, colorantes, E-..que no te metes al cuerpo.

Empecemos por algo fácil: granola. La granola es una mezcla de cereales y frutos secos que se puede tomar con leche, yogur, o con las manos. ¿Lo mejor de todo? que la puedes hacer a tu gusto y es facilísimo, que la metes en un bote y te dura un mes (a menos que tengas a Elena en casa que la devora). Hay recetas archiconocidas como esta de Nigella, pero es de las cosas en las que es más fácil improvisar. Con tal de que mezcles copos de avena con frutos secos, algo que lo endulce y lo amalgame (miel, sirope de arce, golden syrup) y algo más que de algo de sabor y también ayude a que no se queden todos los copos sueltos como la compota de manzana o la mantequilla de cacahuete. Una vez tienes la mezcla, se mete al horno a unos 170 grados, se va moviendo, hasta que los frutos secos se tuestan y la granola quede crujiente. El tiempo, obviamente, depende de las cantidades y de lo que eches. A mí, he de reconocer que se me quemó un poco por estar a otras cosas, pero sigue estando buena. Con un poco de yogur y de mermelada casera improvisada de ruibarbo y fresa (ya os contaré) mmm está buenísima.

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Para este lote de granola utilicé un poco lo que tenía en bolsas sueltas que había que acabar, pero jugando con la idea del chocolate y la mantequilla de cacahuete. El método, casi es mejor que os fijéis en el de Nigella u otro profesional, pero es más o menos lo que os he puesto arriba. Yo creo que lo más importante es conseguir sabores que se complementen y texturas distintas gracias a los diferentes tamaños y consistencia de los frutos secos.Los ingredientes, a continuación:

Granola de chocolate y mantequilla de cacahuete

50gr avellanas

70gr nueces

20gr pipas de calabaza

1 cucharada de cacao en polvo

400gr copos de avena

3 cucharadas mantequilla de cacahuete

3 cucharadas de miel

1 cucharada de golden syrup

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Semana de cumples

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Abril en casa siempre ha sido sinónimo de cumple. Cumplo yo, cumple Elena, cumple mi padre…por cumplir cumple hasta mi tia. Y todo en una semanita. ¿Lo bueno? que todos los días parecen Navidad: si no regalas, te regalan y a mí me gusta tanto lo uno como lo otro, así que yo ¡feliz!. ¿Lo malo? que si te hace ilusión buscar un regalo especial, o preparar algo especial para comer o cenar, NO TE DA LA VIDA.

Por eso hay que buscar soluciones con una buena relación “calidad-tiempo empleado” y encontrar la forma de que queden lucidas. En mi caso las soluciones fueron una comida para mis padres el día del cumple de mi padre y un desayuno un poco especial para Elena el día de su cumple. El desayuno realmente fue una tontería pero es lo de siempre: si te paras a pensar un minuto, seguro que se te ocurre una forma de hacer algo distinto en el mismo tiempo que tardarías en hacer lo de todos los días. Vayamos por partes y siguiendo el orden cronológico de las cosas que por algo Rober cumple antes que Elena, aunque solo sea por un día.

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Probablemente os pase como a mí: con tantas idas y venidas a mis pobres padres llevamos una época que los tenemos un poco abandonados. Te llaman y tienes el móvil silenciado, no puedes quedar porque ya has quedado o tienes esto o tienes lo otro, y al final, solo acabas llamándoles tú (con vocecita, eso sí) cuando te toca pedirles algo. Lo reconozco, los hijos somos unos ingratos. Pero como un padre y una madre lo perdonan todo y no solo eso, sino que valoran cualquier cosita que hace un hijo como si fuese algo fuera de lo normal y además se encargan de que todos sus amigos se enteren, decidimos invitarles a comer a casa.

Como Rober se ha vuelto fan de la comida italiana y mucho tiempo no tenía porque también tenía que comprar el regalo de Elena para el día siguiente, tiré por lo fácil: una ensalada caprese tuneada, unos espárragos trigueros cocidos con una vinagreta con vinagre y mostaza, unos fusilli con calabacín y de postre unas fresas maceradas con vinagre de módena, azúcar y romero. La mini bandeja de pasteles que trajo Elena debo reconocer que tampoco nos vino mal. El “tuneo” de la caprese consiste en mezclar tomates crudos con estos tomates asados que últimamente le echo a TODO, y en añadir unas almendras picadas y alguna hoja de verde. Los espárragos cocidos son la típica cosa que parece más de madre (plancha= joven, cocer=madre), pero que con una vinagreta con un poco de gracia están bien buenos y los fusilli son básicamente una variación de la pasta que hago normalmente con verdura con la excepción de que en lugar de cortar el calabacín lo rallo. Son muy fáciles de hacer y es increíble la cantidad de sabor que consigues en muy poco tiempo, así que en serio, esta receta es de las que os tenéis que apuntar.

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Si además de cocinar un poco encima usas la tela que había comprado Elena para hacer un delantal y que es un lino en tonos grisaceos mono monísimo, pones un bote de mermelada con un par de florecillas silvestres y tienes la mesa puesta para cuando llegan, ¡encantados de la vida!

Y ¿el desayuno para Elena?. Pues el desayuno quedó más lucido porque iba acompañado de algún que otro regalito, pero oye, en este mundo en el que a veces, por no perder tiempo ni desayunas en casa, que alguien que está de vacaciones se levante cuando tú te levantas para ir a trabajar ya es algo. Si encima te hace un zumo de naranja, un café (ah no, que Elena toma un té asqueroso que no hay quien se trague y que debe ser e último recurso de las bulímicas cuando no pueden vomitar) y una “french toast” con unas fresas, ya el día se empieza  de otra manera. Al final se lo comió tan rápido (y yo la mía correspondiente), que no hicimos fotos. La receta oficial la podéis encontrar en infinidad de páginas porque está más visto que el tebeo, pero yo ya ni las miro: mezclo un huevo con algo de leche en un plato hondo hasta que tiene un color ni de leche ni de huevo, añado un poco de canela, dejo las rebanadas de pan de molde (eso sí, gordito con miga) dentro del líquido para que lo chupe un rato. Cuando la rebanada ha absorbido suficiente líquido, pongo una sartén al fuego con un poco de mantequilla y hago la tostada hasta que quede dorada por los dos lados. Cuando está hecha llega la mejor parte: hay que rebozarla en azúcar y ¡lista para comer!

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Por cierto, esa cazuela preciosa que veis en las fotos: mi auto regalo de este año. Porque si no te traen lo que pides, ¡hay que tomar cartas en el asunto!. Ah y el bizcocho que veis al lado de las fresas es un bizcocho de polenta y ruibarbo que os debo.

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Un picnic más veraniego que primaveral y el ser tía por un rato

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Ayer tuve la brillante idea de montar un picnic en el retiro. Digo brillante y no original porque parece que era el plan elegido por la mitad de la población de la capital, de la comunidad autónoma y si te descuidas de los guiris. Debe ser que tanta lluvia nos ha dejado trastornados y con un rayo de sol que vemos nos volvemos como los ingleses o los alemanes (menos por lo de quitarnos la ropa y bañarnos en fuentes públicas…por ahora…). Eso sí, he descubierto que hay muchos tipos de picnics: sencillos (bocata y toalla en el suelo o ni eso), domingueros (mesas, sillas, tortilla de patata, casera (la bebida, no que la tortilla esté hecha en casa), pijos (con tacones, gafas de sol y la poca comida que hay, comprada en Mallorca) y, finalmente, los que a mí en particular me parecen un despropósito: con el polo de hackett y la copa de balón en la mano a las 5 de la tarde rodeado de niños “inocentes” correteando…

Como parecía requisito indispensable llevar niños para que ayer te dejasen entrar en el retiro, eché mano de mi amiga Beita y sus retoños: Hugo & Ingrid para que nos dejasen pasar al resto. Si no es por ellos veo que me quedo con el carro de la compra en la puerta. SI si, lo habéis leído bien: aquí una servidora no sabe hacer picnics de los mencionados en el párrafo anterior. Yo solo sé hacer picnics de motivados. ¿Eso qué es? Pues un picnic con toallas monas de estas que parecen pareos, tablas de madera, platos de loza, vasos de cristal, comida home made y…ojo….¡cojines!. Lo de los cojines parece una pijada, pero en el momento siesta vienen como anillo al dedo, así que si de todo mi repertorio algo fue imprescindible, ¡fueron los cojines!.

Obviamente, y a pesar de que Elena odia el carro de la compra a muerte, yo, visto el peso de todos los enseres que había que llevar al parque, aproveché un momento que se metió en la ducha para que no me echase la bronca para meterlo todo de cualquier manera en el carro. Esa es otra: mamá, no sé por qué te entretienes tanto con el papel de periódico y los trapos, embala que te embala, si yo siempre lo meto todo de cualquier manera y hasta hoy no se me ha roto nada. Nada en el carro, en otros momentos se me ha roto casi todo…

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Como entretenimiento al margen de la comida (y la siesta) tuvimos vertiente masculina y femenina: Hugo llevó pelota de fútbol y cartas para todos los públicos (un juego que se llama uno y al que todo el mundo menos yo había jugado antes) y digamos que Ingrid se dejó querer. Se dejó querer por sus dos “monitores” Marta y Elena que hicieron que más que en el retiro Ingrid se sintiese como en un Spa. Tuvo hasta circuito y todo: primera parada “chez Elena” para una manicura y una sesión de pintalabios. Después de eso Ingrid se animó y nos anduvo pintando los labios a Bea y a mí. Digamos que los resultados no fueron tan “instagrameables”…Como segunda, o tercera estación de la gymkana, Ingrid disfrutó de una sesión de peluquería “chez Marta”. Marta es capaz de hacer trenzas de raíz, de punta, de espiga, coronas y todo lo que se te pueda ocurrir. En el caso de Ingrid: nada de dos trenzas de niña típicas. No señores, dos trenzas de raíz como Dios manda, que ni la bloguera más fashion del momento.

Ingrid, como veis en las fotos no solo es la niña más guapa del mundo sino que la muy salada posa que ya nos gustaría a muchas. Lo mismo se mete en su mundo de pintar en un cuaderno que nos tiene a todas revolucionadas pintándola, peinándola o simplemente escuchando como nos confiesa (a sus tres añitos) que a ella le gusta el chocolate, pero “el negro”. ¡Es que es guay hasta para eso!.

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Hugo el pobre, de tanta sesión de belleza pasó y se dedicó a hacerse amigo de los hijos de los transeúntes para ver si alguien jugaba con él al fútbol. Nosotras, más que por femeninas, por vagas, tirábamos por la opción fácil de pintar y peinar y aparte de jugar con él a las cartas en tema fútbol poco contribuimos…

Para comer hice algunos de los grandes hits de este año y una pequeña novedad:

Una quiche de puerro y calabacín. Ultimamente utilizo la base de la quiche y la cantidad de huevos y nata del relleno para cualquier cosa y ¡siempre sale bien!. Hasta los niños se la comían. Más que verdura parece que lleva bacon…

– Una ensalada de pera, roquefort sin las nueces. No es un nombre artístico, es que las nueces se me olvidaron…

– Una ensalada de rúcula, rabanitos y una vinagreta de parmesano, aceite y zumo de limón

Unos tomates que no sé si decir que son asados, confitados…solo sé que los eches donde los eches, le dan gracia a todo y son súper fáciles de hacer.

– Queso de cabra, jamón, pan. Esto ya no lo hice yo…

y de postre…

– Un mini bizcocho de chocolate y castañas. Porque el haberlo hecho ya unas 13 o 14 veces no es suficiente

– Unas tartaletas de fresa medio improvisadas ayer por la mañana que nos encantaron.

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Y ahí voy a parar hoy: a las tartaletas.¿Os acordáis de la tarta fina de manzana que le encanta a todo el mundo?. Pues yo cada día estoy más enamorada de esa masa. Ayer en lugar de cubrirla de azúcar glás y manzana, la cubrí de fresas maceradas en azúcar y vinagre de módena, espolvoreé un poco más de azúcar, y dejé caer (¡qué poético!) unos trocitos de crumble de almendra, azúcar moreno y romero por encima…El resultado: para morirse. Cada día estoy más convencida de que esta masa es el hijo bastardo del hojaldre. Los bordes, que es donde no hay ni líquido de las fresas, ni peso, suben como si fuese hojaldre estirado muy fino. Si además se carameliza un poco el azúcar en esa zona….¿salivando ya?.

El relleno de la tarta surgió porque la combinación de las fresas con el vinagre de módena es más vieja que la tarara, pero ultimamente había visto una mermelada que también llevaba romero y con lo que me gusta a mí mezclar hierbas que se usan típicamente en platos salados en postres…tuve que probar. Decidí no pasarme con el romero porque no es para todos los públicos y no se notaba mucho, pero la próxima vez (porque habrá próxima vez seré más valiente). La combinación de las fresas y el cruble me encantó: las unas suaves y con un puntito de acidez, y lo otro crujiente y con un puntito dulce.

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¿El problema? El de siempre: que cuando voy por libre y me invento una receta o adapto una conocida, ni peso, ni mido ni nada…Voy probando y más o menos parece que sale bien. De todas formas intentaré poner una guía aproximada de cómo hacerlo y cuando vuelva a improvisar PROMETO hacerlo con la balanza, el boli y el papel.

Mientras tanto ¡ahí va!

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Diario de cenas de días corrientes: El Jueves

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Aquí acaba la semana y, como era de esperar, con un día de retraso. Visto lo visto tampoco está tan mal y queda demostrado que se puede cenar casero todos los días de la semana y no morir en el intento. ¡Qué narices, se puede hasta desayunar casero!.

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Como no solo de verde vive el hombre (ni la mujer) y a los vegetarianos los respeto pero no los entiendo, ya iba siendo hora de meterle algo de “chicha” a la semana. Hoy toca filete de solomillo a la plancha con patatas al horno. Es difícil encontrar algo más fácil y más rico que hacer para cenar, comer o lo que se te ocurra. Aquí lo único importante es no escatimar en el carnicero, ser fiel al carnicero y tener en cuenta dos o tres cositas para que el filete quede bueno y sea algo especial:

1. La carne tiene que estar a temperatura ambiente antes de cocinarla. Si no, lo de fuera se achicharra y lo de dentro seguirá crudo. Una vez oí a alguien que le gustaba la carne poco hecha pero no fria. Eso me pasa a mí. Lo mismo que no entiendo a los vegetarianos, no entiendo a la gente a la que le gusta la carne muy hecha. ¡Si pierde sabor, jugosidad y todo!

2. En teoría para que la carne retenga quede sabrosa y no se quede seca hay que esperar unos minutos a cortarla después de cocinarla. Así que por mucha hambre que tengas, aguanta joven padawan. Vete haciendo fotos o algo mientras tanto para entretenerte.

3. En mi humilde opinión si en lugar de echarle toda la sal antes de cocinarla, echas un poco por un lado (de la sal normal, además de un poco de pimienta al principio) y al servirla en el plato le echas unas escamas de sal maldon…bueno, ¡prepárate para una experiencia religiosa!

4. Lo dicho: nada de tacañerías en el carnicero y por favor, id al carnicero. Nada de grandes superficies. Pedid un filete hermoso, gordito para poder disfrutar de la costrita y de la parte de dentro rosa poco hecha…ya estoy salivando.

5. Las patatas de acompañamiento son las que hago siempre: cortadas en dados con unos dientes de ajo y un poco de aceite, en el horno a 180-200ºC unos 45 mins. Al sacarlas se les echa la sal y están que te mueres sin lo engorroso de las patatas fritas.

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El resumen de todo esto es que, como dice mi abuela, hasta lo más fácil se puede hacer bien o mal y para hacer algo bien, hay que hacerlo con cariño, así que ¡dadle un poco de cariño a esos solomillos!.

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Diario de cenas de días corrientes: El Lunes

Un día difícil el lunes…parece que también se refleja aquí: una foto de la que no estoy muy orgullosa y una pasta utilizando las judías que me quedaron el domingo (ya os dije que las bandejas vienen calculadas para una familia de 15…¡gemelos!). No es que sea nada especial, pero es lo de siempre, con un poco de parmesano, pimienta y vino blanco, te sacas una pasta decente de debajo de la manga ¡en menos que canta un gallo!.

El otro día comprando parmesano descubrí el dilema de todo comprador gourmet en enero. Primero tengo que aclarar unas cuantas cosas: a finales de enero las hermanas Martínez preferimos no consultar la cuenta porque digamos que todo lo que se enriquece Amancio Ortega nos empobrecemos nosotras. Además hay que tener en cuenta que las hermanas Martínez le echan parmesano a todo. Da igual, lo consumimos a cantidades industriales: en pasta, en ensalada, en tostada….un día de estos se lo echo a una tarta…

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Pues bien, teniendo en cuenta estos antecedentes, me vi el otro día ante un dilema: ¿comprar la versión menos buena pero más económica: el “grana padano” o tirar la casa por la ventana con el regiano?. Dudé, reconozco que dudé: mi lado gourmet combatía con mi lado austero (hasta hoy no sabía que tenía) hasta que, finalmente, ganó mi lado austero-práctico. 200gr por 9 euros para que lo ralles encima de cualquier cosa y la mitad acabe en la encimera o en el suelo de la cocina…¡como que no!. Mi lado gourmet se avergüenza, y mucho. De hecho piensa que este tipo de cosas no debería contarlas en este tipo de sitios,  pero este mes he dado rienda suelta también a mi lado “sigue a Elena en su cruzada por descubrir tiendas en las que una camisa blanca sencilla sencilla en rebajas cuesta 100 euros pero que, nada más verla sabes que quieres, que necesitas y que no puedes vivir sin ella” y en un mismo mes una no puede tener tantos lados, así que, sientiéndolo mucho, reservo el gourmet para los otros 11 meses del año.

Al tema: la pasta. Esta receta vale para cualquier pasta con cualquier verdura que tengas por casa: salteas la verdura con aceite y sal mientras cuece la pasta y mientras encargas a tu pinche de cocina que vaya rallando los 200gr (vale, me he pasado, pero un buen puñado) de parmesano (barato-shhhh no se lo digas a nadie). Cuando las verduras estén hechas, añades un buen chorro de vino blanco a la sartén y cocinas hasta que se evapora el alcochol. Mientras tanto tu pinche ya tendrá la montañita de parmesano preparada, a la que añades un poco de pimienta molida y cualquier otra hierba/especie que pegue: tomillo, nuez moscada…Como os he contado otras veces y para el asombro de tu pinche antes de escurrir la pasta coges una tacita de agua de cocción y la apartas (por si hace falta). Llegado el momento de la verdad escurres la pasta, la echas a la sartén con la verdura y la salsita, lo mueves bien apartado del fuego y añades el parmesano. Aquí es donde si ves que la cosa está quedando un poco seca tirás del agua de cocción que has cogido (poco a poco) para soltar la salsa. Y ya está: pasta para aprovechar lo que tengas en la nevera y que encima ¡está buena!

 Un regalito sorpresa!!!

Como la foto de la pasta estaba un poco sola, casi que meto también la del regalito que me acaba de traer Elena a casa. No es por dar envidia ni nada…solo os digo que si pudiera y tuviera un poquito menos de sentido del ridículo me lo pondría mañana para ir a trabajar…el viernes para salir (o quedarme en casa), el sábado idem, el domingo idem….

Diario de cenas de días corrientes: El Domingo

Festin sano!

¡Allá vamos!. Empiezo por el domingo porque si en una semana hay 5 “días de diario” se puede considerar que la cena del domingo es más “cena de diario” que la del viernes. Dicho de otra manera, es más probable que cenes en tu casa el domingo que el viernes. Como os dije esto va a ser algo realista, así que va a haber aprovechamiento de sobras y cosas sencillitas. Si a alguien le sirve para animarse a hacer algo o para sacar ideas de “aprovechamiento”, seré la mujer más feliz del mundo. Si os parece que se me ha ido la pinza, me lo decís también no sea que os vaya a dar la lata con historietas de estas todas las semanas. De hecho ahora que lo pienso otra semana puede ser….cosas para el desayuno…hmmmm. Bueno, ¡acepto sugerencias!

Al tema, que son las 6 de la tarde y tengo que publicar esto, hacer la cena de hoy, las fotos y dormir, en ese orden de prioridad. Ayer domingo aproveché que una pasa más tiempo en casa y que tengo cierto problema calculando cantidades y tiré de sobras de la comida para cenar. Algo perfectamente digno y que hacemos todos. Ya que haces algo, pues haces un poquito más. Además hay veces que compras verduras y oye, parece que es imposible encontrar un paquete con la cantidad para lo que quieres hacer. Siempre viene como el triple o cuatro veces la cantidad que necesitas.

Como el sábado volvimos a comer a Olivia te Cuida y llevo toda la semana babeando con el libro y la filosofía detrás de Rose Bakery, hice una comida de estas a base de verduras y granos que tanto se llevan: en un mismo plato una ensalada, unas verduras salteadas y un grano con frutos secos. Antes de que penséis que me he vuelto una histérica de las que no comen nada derivado de los animales os aviso: sigo siendo carnívora y mucho. Eso de ser vegana, sinceramente, me parece una estupidez. Respeto a quien lo es pero aquí de toda la vida hemos sido omnívoros y estamos hechos para eso. Es como si un tiburón dejase de comer peces o piernas de humanos para comer…plankton. ¡Que no!. Además yo en particular no me veo con la fuerza de voluntad necesaria para no probar ni la carne ni el queso ni el bacon (Ay Dios, eso sí que no, ¡no sin mi bacon!). De hecho el otro día Elena y yo nos metimos entre pecho y espalda un par de solomillitos (a precio de oro, eso sí) con salsa de mostaza con unas patatas cocidas que nos supieron a gloria, pero bueno, eso para otro día.

Yo tambien me cuido!

Me centro: la cena (y comida):

Verduras Salteadas

Por no tener en casa no tenía ni ajo, así que compré un poco lo que vi y me apañé como pude: unas judías redondas frescas, un calabacín y unas setas. Salteé cada cosa por separado, lo junté todo al final, unas almendras fileteadas a mi manera: osea, a lo bestia con el cuchillo porque me da cargo de conciencia comprar las fileteadas teniendo enteras en casa. Reconozco que lo que es un rollo es preparar la verdura, sobre todo limpiar las setas con la servilleta, sin agua y con las manos que poco a poco se te llenan de arena…

Verdurass

Bulgur ecológico con frutos y tomates secos

Ecológico porque a día de hoy el bulgur en el chino…como que no. Este es el grano que se usa en el verdadero tabouleh pero esta vez sirvió para una preparación mucho más simple. Seguí las instrucciones del paquete que decían que había que cocer el bulgur en agua salada durante 15 minutos y luego esperar a que se hinchase. Cuando se enfrió añadí unas pasas (en previo remojo), unas pipas de calabaza y unos tomates secos troceados (en previo remojo, pero un señor remojo porque no sé quién narices los secó, pero esta remesa ha salido ¡dura de narices!)

Bulgur...

Ensalada de zanahoria rallada y pipas de calabaza

En Rose Bakery hacen una ensalada de zanahoria rallada con pipas de girasol (osea, las pipas de toda la vida) o de calabaza con una vinagreta de aceite, zumo de limón y azúcar. Pues eso hice yo. Y me gustó. Y si consigues que alguien te pele y ralle las zanahorias y se quede con las manos naranjas, es una ensalada fácil, rica y que con lo del caroteno se supone que te ayuda a ponerte morena (en otros meses, claro).

Zanahoria!

¡Pon un poco de chocolate en tu vida!

pates a tartiner & recettes

Hay preguntas trascendentales que pueden hacer que encajes con alguien o que, de no contestar correctamente pueden hacer que esa persona caiga en picado en tu ranking. Y no hablo de política, de religión ni de cosas parecidas. No señores, hablo de preguntas importantes del tipo “¿eres de nocilla o de nutella?”. Esa pregunta solo tiene una respuesta correcta: “de nutella, hasta la muerte”. No digo que vaya a dejar de llevarme con alguien que prefiera la nocilla, porque reconozco que hasta yo la como cuando no hay nutella (y shhhh no se lo digáis a nadie, pero llevaba tiempo sin probarla y despotricando de ella, cuando hace un par de meses la probé y oye, también está buena), pero lo que sí que ya no perdono es a los defensores de la nocilla blanca. ¡Eso es una guarrería!

pates & recettes top

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libreta

Imaginaros que al mejor invento del hombre (y la mujer, porque eso de que todo lo han inventado ellos que no son capaces de hacer dos cosas a la vez no me lo creo) después de la lavadora le sumas que en vez de comprarla en el super la haces en casa. Buff, buff, Eso ya es la repanocha. No digo que esté mejor porque reconozco que todas estas guarrerías comerciales medio artificiales están muy conseguidas, pero a mí siempre me ha gustado hacer en casa algo que puedes coger de una estantería del super, meterlo en un botecito mono, ponerle una etiqueta y una telita y regalarlo. Aunque parezca una estupidez os voy a dar hasta el truquito para que la tela que pones sobre la tapa del bote te quede bien. El secreto está en las tijeras. Nada de cortar un cuadrado/un rectángulo porque yo empecé haciendo eso y mi bote de nutella casera parecía más un árabe con turbante que un botecito de crema de chocolate con avellanas.

nutella

caramel

Comparado con la versión comprada las avellanas de esta receta se notan más, porque yo por lo menos tengo un molinillo, no un pulverizador y, aunque de la nevera pueda salir un poco más densa, sobre una tostada caliente enseguida se derrite y mmmm te mueres de lo buena que está. También incumplí una de mis “reglas pasteleras no escritas”: no me gusta NADA poner leche condensada en una receta. No sé, debe ser como mi rechazo a la ensaladilla rusa. Me parece un ingrediente “basto”, no me gusta nada, pero he de reconocer que en este caso, tras revisar unas 30 recetas por internet, llegué a la conclusión de que para conseguir la untuosidad necesaria tendría que dejar mi orgullo de lado y entregarme a las maravillas de la leche condensada. Por la nutella, me sacrifico. Además oye, si la leche condensada es uno de los ingredientes básicos del “café bombón”, ya es hora de que se me vaya pasando esa manía que le tengo. 

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Ya puestos a hacer “pates a tartiner” como llaman los franceses a las cremas que le echas a la tostada para desayunar y merendar, decidí hacer un poco más de variedad. El año pasado Elena, Ana (otra amiga nuestra) y yo hicimos un “road trip” por la provenza. Nos encantó. Volvimos afrancesadas por completo: la comida, la arquitectura, la decoración….todo. Allí es que cualquier pueblo era una preciosidad. Pues en uno de estos pueblos, St-Rémy-de-Provence, encontramos a un chocolatier que vendía, además de los típicos bombones, unas cremas de chocolate con otras cosas. Esto ya es una prueba de “cómo se lo montan los franceses”. Sinceramente, no me imagino a un maitre chocolatier en un pueblo de la costa levantina. Con esto no quiero decir que seamos peores que ellos, pero hay que reconocer que no solo tienen una buena cocina, sino que llevan comiendo bien muchas generaciones y le dan una importancia a la comida que en otros países no siempre existe. Nosotras caímos con la de chocolate, caramelo con sal y granos de cacao (me refiero a los trocitos de cáscara del cacao). Era la cosa más sofisticada que me he echado sobre una tostada: dulce, pero no mucho, con un puntito incluso agrio del cacao y del caramelo, super cremosa y con el punto crujiente de la cáscara de cacao. Desde entonces quiero hacer una parecida.

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Mi intento se parece y no al original: desde siempre me ha gustado el caramelo con sal y he hecho macarons de caramelo con sal, tartaletas de caramelo con sal y chocolate, pero claro, al hacer una cosa de estas tienes que pensar tanto en el sabor como en la textura: no te puede quedar ni líquido, ni como una piedra. Tras ver la receta de la nutella decidí probar a juntar la parte de chocolate y mantequilla con una cantidad determinada de la crema de caramelo con sal que suelo hacer y…¡funcionó!. A mí hasta me gusta más que la nutella casera: es un poco más cremosa, tiene el toque del caramelo (sin que resulte muy dulce) y ya lo que me mata es el puntito que le da la sala. Es como morirse y subir al cielo: una experiencia religiosa, ¡vaya!

Lo mejor de estas recetas: lo buenas que están, lo fáciles que son y lo rápido que vuelan: prepárate para hacer para tí y todos tus compañeros. Por eso no tengo fotos de la maravilla en tostada: o está cerrado el bote, o está vacío. Las fotos son de un regalo de agradecimiento que hicimos entre Beita y yo, así que las moñerías de la foto: el gorro, el delantal, el bordado y el cuaderno de recetas son obra de Beita. Si en foto las queréis, como las veáis en persona…Yo colaboré con la mermelada de naranja (eso ya para otra entrada) y con la nutella casera y la crema de chocolate y caramelo.

kit regalo

kit caja

Lo peor: que te das cuenta de la cantidad de ingredientes “light” que llevan muchas de las cosas que compramos en el supermercado (y eso que esto no lleva ni conservantes, ni colorantes ni nada de nada)… Así que cuando racanees la cantidad de mantequilla que le pones a una tostada, ¡olvídate y déjate llevar!

receta nutella

receta choco&caramelo

hecho a mano & pate

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