Me, Myself & My Kitchen

Categoría: Menu Diaries

Semana de cumples

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Abril en casa siempre ha sido sinónimo de cumple. Cumplo yo, cumple Elena, cumple mi padre…por cumplir cumple hasta mi tia. Y todo en una semanita. ¿Lo bueno? que todos los días parecen Navidad: si no regalas, te regalan y a mí me gusta tanto lo uno como lo otro, así que yo ¡feliz!. ¿Lo malo? que si te hace ilusión buscar un regalo especial, o preparar algo especial para comer o cenar, NO TE DA LA VIDA.

Por eso hay que buscar soluciones con una buena relación “calidad-tiempo empleado” y encontrar la forma de que queden lucidas. En mi caso las soluciones fueron una comida para mis padres el día del cumple de mi padre y un desayuno un poco especial para Elena el día de su cumple. El desayuno realmente fue una tontería pero es lo de siempre: si te paras a pensar un minuto, seguro que se te ocurre una forma de hacer algo distinto en el mismo tiempo que tardarías en hacer lo de todos los días. Vayamos por partes y siguiendo el orden cronológico de las cosas que por algo Rober cumple antes que Elena, aunque solo sea por un día.

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Probablemente os pase como a mí: con tantas idas y venidas a mis pobres padres llevamos una época que los tenemos un poco abandonados. Te llaman y tienes el móvil silenciado, no puedes quedar porque ya has quedado o tienes esto o tienes lo otro, y al final, solo acabas llamándoles tú (con vocecita, eso sí) cuando te toca pedirles algo. Lo reconozco, los hijos somos unos ingratos. Pero como un padre y una madre lo perdonan todo y no solo eso, sino que valoran cualquier cosita que hace un hijo como si fuese algo fuera de lo normal y además se encargan de que todos sus amigos se enteren, decidimos invitarles a comer a casa.

Como Rober se ha vuelto fan de la comida italiana y mucho tiempo no tenía porque también tenía que comprar el regalo de Elena para el día siguiente, tiré por lo fácil: una ensalada caprese tuneada, unos espárragos trigueros cocidos con una vinagreta con vinagre y mostaza, unos fusilli con calabacín y de postre unas fresas maceradas con vinagre de módena, azúcar y romero. La mini bandeja de pasteles que trajo Elena debo reconocer que tampoco nos vino mal. El “tuneo” de la caprese consiste en mezclar tomates crudos con estos tomates asados que últimamente le echo a TODO, y en añadir unas almendras picadas y alguna hoja de verde. Los espárragos cocidos son la típica cosa que parece más de madre (plancha= joven, cocer=madre), pero que con una vinagreta con un poco de gracia están bien buenos y los fusilli son básicamente una variación de la pasta que hago normalmente con verdura con la excepción de que en lugar de cortar el calabacín lo rallo. Son muy fáciles de hacer y es increíble la cantidad de sabor que consigues en muy poco tiempo, así que en serio, esta receta es de las que os tenéis que apuntar.

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Si además de cocinar un poco encima usas la tela que había comprado Elena para hacer un delantal y que es un lino en tonos grisaceos mono monísimo, pones un bote de mermelada con un par de florecillas silvestres y tienes la mesa puesta para cuando llegan, ¡encantados de la vida!

Y ¿el desayuno para Elena?. Pues el desayuno quedó más lucido porque iba acompañado de algún que otro regalito, pero oye, en este mundo en el que a veces, por no perder tiempo ni desayunas en casa, que alguien que está de vacaciones se levante cuando tú te levantas para ir a trabajar ya es algo. Si encima te hace un zumo de naranja, un café (ah no, que Elena toma un té asqueroso que no hay quien se trague y que debe ser e último recurso de las bulímicas cuando no pueden vomitar) y una “french toast” con unas fresas, ya el día se empieza  de otra manera. Al final se lo comió tan rápido (y yo la mía correspondiente), que no hicimos fotos. La receta oficial la podéis encontrar en infinidad de páginas porque está más visto que el tebeo, pero yo ya ni las miro: mezclo un huevo con algo de leche en un plato hondo hasta que tiene un color ni de leche ni de huevo, añado un poco de canela, dejo las rebanadas de pan de molde (eso sí, gordito con miga) dentro del líquido para que lo chupe un rato. Cuando la rebanada ha absorbido suficiente líquido, pongo una sartén al fuego con un poco de mantequilla y hago la tostada hasta que quede dorada por los dos lados. Cuando está hecha llega la mejor parte: hay que rebozarla en azúcar y ¡lista para comer!

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Por cierto, esa cazuela preciosa que veis en las fotos: mi auto regalo de este año. Porque si no te traen lo que pides, ¡hay que tomar cartas en el asunto!. Ah y el bizcocho que veis al lado de las fresas es un bizcocho de polenta y ruibarbo que os debo.

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Un picnic más veraniego que primaveral y el ser tía por un rato

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Ayer tuve la brillante idea de montar un picnic en el retiro. Digo brillante y no original porque parece que era el plan elegido por la mitad de la población de la capital, de la comunidad autónoma y si te descuidas de los guiris. Debe ser que tanta lluvia nos ha dejado trastornados y con un rayo de sol que vemos nos volvemos como los ingleses o los alemanes (menos por lo de quitarnos la ropa y bañarnos en fuentes públicas…por ahora…). Eso sí, he descubierto que hay muchos tipos de picnics: sencillos (bocata y toalla en el suelo o ni eso), domingueros (mesas, sillas, tortilla de patata, casera (la bebida, no que la tortilla esté hecha en casa), pijos (con tacones, gafas de sol y la poca comida que hay, comprada en Mallorca) y, finalmente, los que a mí en particular me parecen un despropósito: con el polo de hackett y la copa de balón en la mano a las 5 de la tarde rodeado de niños “inocentes” correteando…

Como parecía requisito indispensable llevar niños para que ayer te dejasen entrar en el retiro, eché mano de mi amiga Beita y sus retoños: Hugo & Ingrid para que nos dejasen pasar al resto. Si no es por ellos veo que me quedo con el carro de la compra en la puerta. SI si, lo habéis leído bien: aquí una servidora no sabe hacer picnics de los mencionados en el párrafo anterior. Yo solo sé hacer picnics de motivados. ¿Eso qué es? Pues un picnic con toallas monas de estas que parecen pareos, tablas de madera, platos de loza, vasos de cristal, comida home made y…ojo….¡cojines!. Lo de los cojines parece una pijada, pero en el momento siesta vienen como anillo al dedo, así que si de todo mi repertorio algo fue imprescindible, ¡fueron los cojines!.

Obviamente, y a pesar de que Elena odia el carro de la compra a muerte, yo, visto el peso de todos los enseres que había que llevar al parque, aproveché un momento que se metió en la ducha para que no me echase la bronca para meterlo todo de cualquier manera en el carro. Esa es otra: mamá, no sé por qué te entretienes tanto con el papel de periódico y los trapos, embala que te embala, si yo siempre lo meto todo de cualquier manera y hasta hoy no se me ha roto nada. Nada en el carro, en otros momentos se me ha roto casi todo…

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Como entretenimiento al margen de la comida (y la siesta) tuvimos vertiente masculina y femenina: Hugo llevó pelota de fútbol y cartas para todos los públicos (un juego que se llama uno y al que todo el mundo menos yo había jugado antes) y digamos que Ingrid se dejó querer. Se dejó querer por sus dos “monitores” Marta y Elena que hicieron que más que en el retiro Ingrid se sintiese como en un Spa. Tuvo hasta circuito y todo: primera parada “chez Elena” para una manicura y una sesión de pintalabios. Después de eso Ingrid se animó y nos anduvo pintando los labios a Bea y a mí. Digamos que los resultados no fueron tan “instagrameables”…Como segunda, o tercera estación de la gymkana, Ingrid disfrutó de una sesión de peluquería “chez Marta”. Marta es capaz de hacer trenzas de raíz, de punta, de espiga, coronas y todo lo que se te pueda ocurrir. En el caso de Ingrid: nada de dos trenzas de niña típicas. No señores, dos trenzas de raíz como Dios manda, que ni la bloguera más fashion del momento.

Ingrid, como veis en las fotos no solo es la niña más guapa del mundo sino que la muy salada posa que ya nos gustaría a muchas. Lo mismo se mete en su mundo de pintar en un cuaderno que nos tiene a todas revolucionadas pintándola, peinándola o simplemente escuchando como nos confiesa (a sus tres añitos) que a ella le gusta el chocolate, pero “el negro”. ¡Es que es guay hasta para eso!.

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Hugo el pobre, de tanta sesión de belleza pasó y se dedicó a hacerse amigo de los hijos de los transeúntes para ver si alguien jugaba con él al fútbol. Nosotras, más que por femeninas, por vagas, tirábamos por la opción fácil de pintar y peinar y aparte de jugar con él a las cartas en tema fútbol poco contribuimos…

Para comer hice algunos de los grandes hits de este año y una pequeña novedad:

Una quiche de puerro y calabacín. Ultimamente utilizo la base de la quiche y la cantidad de huevos y nata del relleno para cualquier cosa y ¡siempre sale bien!. Hasta los niños se la comían. Más que verdura parece que lleva bacon…

– Una ensalada de pera, roquefort sin las nueces. No es un nombre artístico, es que las nueces se me olvidaron…

– Una ensalada de rúcula, rabanitos y una vinagreta de parmesano, aceite y zumo de limón

Unos tomates que no sé si decir que son asados, confitados…solo sé que los eches donde los eches, le dan gracia a todo y son súper fáciles de hacer.

– Queso de cabra, jamón, pan. Esto ya no lo hice yo…

y de postre…

– Un mini bizcocho de chocolate y castañas. Porque el haberlo hecho ya unas 13 o 14 veces no es suficiente

– Unas tartaletas de fresa medio improvisadas ayer por la mañana que nos encantaron.

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Y ahí voy a parar hoy: a las tartaletas.¿Os acordáis de la tarta fina de manzana que le encanta a todo el mundo?. Pues yo cada día estoy más enamorada de esa masa. Ayer en lugar de cubrirla de azúcar glás y manzana, la cubrí de fresas maceradas en azúcar y vinagre de módena, espolvoreé un poco más de azúcar, y dejé caer (¡qué poético!) unos trocitos de crumble de almendra, azúcar moreno y romero por encima…El resultado: para morirse. Cada día estoy más convencida de que esta masa es el hijo bastardo del hojaldre. Los bordes, que es donde no hay ni líquido de las fresas, ni peso, suben como si fuese hojaldre estirado muy fino. Si además se carameliza un poco el azúcar en esa zona….¿salivando ya?.

El relleno de la tarta surgió porque la combinación de las fresas con el vinagre de módena es más vieja que la tarara, pero ultimamente había visto una mermelada que también llevaba romero y con lo que me gusta a mí mezclar hierbas que se usan típicamente en platos salados en postres…tuve que probar. Decidí no pasarme con el romero porque no es para todos los públicos y no se notaba mucho, pero la próxima vez (porque habrá próxima vez seré más valiente). La combinación de las fresas y el cruble me encantó: las unas suaves y con un puntito de acidez, y lo otro crujiente y con un puntito dulce.

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¿El problema? El de siempre: que cuando voy por libre y me invento una receta o adapto una conocida, ni peso, ni mido ni nada…Voy probando y más o menos parece que sale bien. De todas formas intentaré poner una guía aproximada de cómo hacerlo y cuando vuelva a improvisar PROMETO hacerlo con la balanza, el boli y el papel.

Mientras tanto ¡ahí va!

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Diario de cenas de días corrientes: El Jueves

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Aquí acaba la semana y, como era de esperar, con un día de retraso. Visto lo visto tampoco está tan mal y queda demostrado que se puede cenar casero todos los días de la semana y no morir en el intento. ¡Qué narices, se puede hasta desayunar casero!.

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Como no solo de verde vive el hombre (ni la mujer) y a los vegetarianos los respeto pero no los entiendo, ya iba siendo hora de meterle algo de “chicha” a la semana. Hoy toca filete de solomillo a la plancha con patatas al horno. Es difícil encontrar algo más fácil y más rico que hacer para cenar, comer o lo que se te ocurra. Aquí lo único importante es no escatimar en el carnicero, ser fiel al carnicero y tener en cuenta dos o tres cositas para que el filete quede bueno y sea algo especial:

1. La carne tiene que estar a temperatura ambiente antes de cocinarla. Si no, lo de fuera se achicharra y lo de dentro seguirá crudo. Una vez oí a alguien que le gustaba la carne poco hecha pero no fria. Eso me pasa a mí. Lo mismo que no entiendo a los vegetarianos, no entiendo a la gente a la que le gusta la carne muy hecha. ¡Si pierde sabor, jugosidad y todo!

2. En teoría para que la carne retenga quede sabrosa y no se quede seca hay que esperar unos minutos a cortarla después de cocinarla. Así que por mucha hambre que tengas, aguanta joven padawan. Vete haciendo fotos o algo mientras tanto para entretenerte.

3. En mi humilde opinión si en lugar de echarle toda la sal antes de cocinarla, echas un poco por un lado (de la sal normal, además de un poco de pimienta al principio) y al servirla en el plato le echas unas escamas de sal maldon…bueno, ¡prepárate para una experiencia religiosa!

4. Lo dicho: nada de tacañerías en el carnicero y por favor, id al carnicero. Nada de grandes superficies. Pedid un filete hermoso, gordito para poder disfrutar de la costrita y de la parte de dentro rosa poco hecha…ya estoy salivando.

5. Las patatas de acompañamiento son las que hago siempre: cortadas en dados con unos dientes de ajo y un poco de aceite, en el horno a 180-200ºC unos 45 mins. Al sacarlas se les echa la sal y están que te mueres sin lo engorroso de las patatas fritas.

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El resumen de todo esto es que, como dice mi abuela, hasta lo más fácil se puede hacer bien o mal y para hacer algo bien, hay que hacerlo con cariño, así que ¡dadle un poco de cariño a esos solomillos!.

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Diario de cenas de días corrientes: El Martes

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Las cremas de verduras son como las infusiones: quieres que te gusten más de lo que te gustan. No es que estén malas, pero no se me antojan como un mcbacon. Es como el rooibos dichoso: que no, que hay veces que te apetece un café y punto. ¿Que es peor? pues lo será, pero sabe a gloria bendita y te espabila más que las hierbas esas.

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Como el año pasado lo intenté con las infusiones y algunas he conseguido que me gusten, este año tocan las cremas. ¿A qué viene esa obsesión? Pues básicamente a dos razones: una, que las haces un día y tienes para cuando quieras y dos, que mi padre afirma haber llegado a un peso récord (para abajo) gracias a las cremas. Si él, que presume de haber comido, yo que sé, 70 chuletas de cordero en una sentada o 50 gambas, puede, ¡yo también!. Eso sí, para que sean efectivas, esto no puede ser como lo de las ensaladas con bacon, queso y  alguna que otra bomba calórica.

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En el caso de las cremas debe ser cuestión de pillarles el punto y buscar recetas “con gracia”. De hecho las que tomas en las casas no tienen nada que ver con las de los restaurantes: ni la textura es tan fina ni los sabores tan conseguidos. Como hay que empezar por la acera, no me voy a lanzar a hacer una crema de boniato con tamarindo y leche de coco. Eso sí, os aviso: las cremas son fáciles pero un poquito guarras. Primero está la batidora de vaso: la llenes por donde la llenes, pongas el trapo que pongas encima de la tapa y sujetes con la fuerza que sujetes algo se mancha fijo. Después te toca pagar el peaje del colador, chino o sucedáneo. Yo, que llevo toda la vida evitando tamizar la harina porque ODIO el colador ese grande que tengo guardado en un cajón, para las cremas me resigno y lo saco. Aunque te mate, hazlo porque a menos que tengas una super thermomix, va a quedar mucho más fina y rica.

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Como una crema solo resulta aburridillo hicimos unas tostadas de pan de espelta con queso (brie, porque era lo que teníamos) y estos tomates de los que ya os hablé que son un invento: están que te mueres y son súper fáciles de hacer. Para hacer la crema necesitaréis(yo hice como para dos dos o tres días, pero todo depende de lo espesa/caldosa que te guste): 5 puerros, que, cortados finitos y con un poco de aceite, sal y tomillo puse a rehogar a fuego medio. Una vez estén blanditos y un poco doraditos, añadimos agua hasta que los cubrimos (y un par de dedos más) y dejamos a fuego bajo-medio una media hora. Mi madre me dijo que estas cremas se espesan con patata, así que esto vuelve a ser gusto del consumidor: yo eché una pequeñita porque quería más sabor a puerro que a patata. Pasado este tiempo, trituramos, colamos y lista para adornar con un poco de nata, pimienta, cebollino o la hierba que se os ocurra. Lo de la nata reconozco que es más por estética que por otra cosa… Os dejo con una canción de estas que te animan, ¡que ya estamos a mitad de semana!

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Diario de cenas de días corrientes: El Lunes

Un día difícil el lunes…parece que también se refleja aquí: una foto de la que no estoy muy orgullosa y una pasta utilizando las judías que me quedaron el domingo (ya os dije que las bandejas vienen calculadas para una familia de 15…¡gemelos!). No es que sea nada especial, pero es lo de siempre, con un poco de parmesano, pimienta y vino blanco, te sacas una pasta decente de debajo de la manga ¡en menos que canta un gallo!.

El otro día comprando parmesano descubrí el dilema de todo comprador gourmet en enero. Primero tengo que aclarar unas cuantas cosas: a finales de enero las hermanas Martínez preferimos no consultar la cuenta porque digamos que todo lo que se enriquece Amancio Ortega nos empobrecemos nosotras. Además hay que tener en cuenta que las hermanas Martínez le echan parmesano a todo. Da igual, lo consumimos a cantidades industriales: en pasta, en ensalada, en tostada….un día de estos se lo echo a una tarta…

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Pues bien, teniendo en cuenta estos antecedentes, me vi el otro día ante un dilema: ¿comprar la versión menos buena pero más económica: el “grana padano” o tirar la casa por la ventana con el regiano?. Dudé, reconozco que dudé: mi lado gourmet combatía con mi lado austero (hasta hoy no sabía que tenía) hasta que, finalmente, ganó mi lado austero-práctico. 200gr por 9 euros para que lo ralles encima de cualquier cosa y la mitad acabe en la encimera o en el suelo de la cocina…¡como que no!. Mi lado gourmet se avergüenza, y mucho. De hecho piensa que este tipo de cosas no debería contarlas en este tipo de sitios,  pero este mes he dado rienda suelta también a mi lado “sigue a Elena en su cruzada por descubrir tiendas en las que una camisa blanca sencilla sencilla en rebajas cuesta 100 euros pero que, nada más verla sabes que quieres, que necesitas y que no puedes vivir sin ella” y en un mismo mes una no puede tener tantos lados, así que, sientiéndolo mucho, reservo el gourmet para los otros 11 meses del año.

Al tema: la pasta. Esta receta vale para cualquier pasta con cualquier verdura que tengas por casa: salteas la verdura con aceite y sal mientras cuece la pasta y mientras encargas a tu pinche de cocina que vaya rallando los 200gr (vale, me he pasado, pero un buen puñado) de parmesano (barato-shhhh no se lo digas a nadie). Cuando las verduras estén hechas, añades un buen chorro de vino blanco a la sartén y cocinas hasta que se evapora el alcochol. Mientras tanto tu pinche ya tendrá la montañita de parmesano preparada, a la que añades un poco de pimienta molida y cualquier otra hierba/especie que pegue: tomillo, nuez moscada…Como os he contado otras veces y para el asombro de tu pinche antes de escurrir la pasta coges una tacita de agua de cocción y la apartas (por si hace falta). Llegado el momento de la verdad escurres la pasta, la echas a la sartén con la verdura y la salsita, lo mueves bien apartado del fuego y añades el parmesano. Aquí es donde si ves que la cosa está quedando un poco seca tirás del agua de cocción que has cogido (poco a poco) para soltar la salsa. Y ya está: pasta para aprovechar lo que tengas en la nevera y que encima ¡está buena!

 Un regalito sorpresa!!!

Como la foto de la pasta estaba un poco sola, casi que meto también la del regalito que me acaba de traer Elena a casa. No es por dar envidia ni nada…solo os digo que si pudiera y tuviera un poquito menos de sentido del ridículo me lo pondría mañana para ir a trabajar…el viernes para salir (o quedarme en casa), el sábado idem, el domingo idem….

Diario de cenas de días corrientes: El Domingo

Festin sano!

¡Allá vamos!. Empiezo por el domingo porque si en una semana hay 5 “días de diario” se puede considerar que la cena del domingo es más “cena de diario” que la del viernes. Dicho de otra manera, es más probable que cenes en tu casa el domingo que el viernes. Como os dije esto va a ser algo realista, así que va a haber aprovechamiento de sobras y cosas sencillitas. Si a alguien le sirve para animarse a hacer algo o para sacar ideas de “aprovechamiento”, seré la mujer más feliz del mundo. Si os parece que se me ha ido la pinza, me lo decís también no sea que os vaya a dar la lata con historietas de estas todas las semanas. De hecho ahora que lo pienso otra semana puede ser….cosas para el desayuno…hmmmm. Bueno, ¡acepto sugerencias!

Al tema, que son las 6 de la tarde y tengo que publicar esto, hacer la cena de hoy, las fotos y dormir, en ese orden de prioridad. Ayer domingo aproveché que una pasa más tiempo en casa y que tengo cierto problema calculando cantidades y tiré de sobras de la comida para cenar. Algo perfectamente digno y que hacemos todos. Ya que haces algo, pues haces un poquito más. Además hay veces que compras verduras y oye, parece que es imposible encontrar un paquete con la cantidad para lo que quieres hacer. Siempre viene como el triple o cuatro veces la cantidad que necesitas.

Como el sábado volvimos a comer a Olivia te Cuida y llevo toda la semana babeando con el libro y la filosofía detrás de Rose Bakery, hice una comida de estas a base de verduras y granos que tanto se llevan: en un mismo plato una ensalada, unas verduras salteadas y un grano con frutos secos. Antes de que penséis que me he vuelto una histérica de las que no comen nada derivado de los animales os aviso: sigo siendo carnívora y mucho. Eso de ser vegana, sinceramente, me parece una estupidez. Respeto a quien lo es pero aquí de toda la vida hemos sido omnívoros y estamos hechos para eso. Es como si un tiburón dejase de comer peces o piernas de humanos para comer…plankton. ¡Que no!. Además yo en particular no me veo con la fuerza de voluntad necesaria para no probar ni la carne ni el queso ni el bacon (Ay Dios, eso sí que no, ¡no sin mi bacon!). De hecho el otro día Elena y yo nos metimos entre pecho y espalda un par de solomillitos (a precio de oro, eso sí) con salsa de mostaza con unas patatas cocidas que nos supieron a gloria, pero bueno, eso para otro día.

Yo tambien me cuido!

Me centro: la cena (y comida):

Verduras Salteadas

Por no tener en casa no tenía ni ajo, así que compré un poco lo que vi y me apañé como pude: unas judías redondas frescas, un calabacín y unas setas. Salteé cada cosa por separado, lo junté todo al final, unas almendras fileteadas a mi manera: osea, a lo bestia con el cuchillo porque me da cargo de conciencia comprar las fileteadas teniendo enteras en casa. Reconozco que lo que es un rollo es preparar la verdura, sobre todo limpiar las setas con la servilleta, sin agua y con las manos que poco a poco se te llenan de arena…

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Bulgur ecológico con frutos y tomates secos

Ecológico porque a día de hoy el bulgur en el chino…como que no. Este es el grano que se usa en el verdadero tabouleh pero esta vez sirvió para una preparación mucho más simple. Seguí las instrucciones del paquete que decían que había que cocer el bulgur en agua salada durante 15 minutos y luego esperar a que se hinchase. Cuando se enfrió añadí unas pasas (en previo remojo), unas pipas de calabaza y unos tomates secos troceados (en previo remojo, pero un señor remojo porque no sé quién narices los secó, pero esta remesa ha salido ¡dura de narices!)

Bulgur...

Ensalada de zanahoria rallada y pipas de calabaza

En Rose Bakery hacen una ensalada de zanahoria rallada con pipas de girasol (osea, las pipas de toda la vida) o de calabaza con una vinagreta de aceite, zumo de limón y azúcar. Pues eso hice yo. Y me gustó. Y si consigues que alguien te pele y ralle las zanahorias y se quede con las manos naranjas, es una ensalada fácil, rica y que con lo del caroteno se supone que te ayuda a ponerte morena (en otros meses, claro).

Zanahoria!

Un domingo “a la italiana” pero no en casa de “la Mamma” y una de las mejores tartas de chocolate del mundo

Llevo dos semanas con esta entrada preparada pero no me apetecía publicar…A veces te pasan cosas que hacen que te des cuenta de lo que verdaderamente importa y de que publicar hoy o mañana da igual, tus ansias por acabar y publicar y poner un tick en la lista quedan relegadas a un segundo plano. Aún así también te das cuenta de que la vida sigue y cada uno tiene que hacer lo que le gusta y lo que le hace estar alegre. En mi caso una de esas cosas es esto, así que con dos semanas de retraso ahí va lo que pasó hace un par de domingos:

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“La Mamma” últimamente se está aficionando a esto de comer en casa de “la bambina”, o más bien, a invitar a distintos miembros de “la familia” a comer a mi casa. El domingo les tocó hacer de conejillos de indias a mis primos Dani y Betty y mi madre, aunque no hacía exactamente de anfitriona, ya se encargó de las gestiones telefónicas: con Dani, con Betty, con Elena y conmigo. A ellos no sé cuántas veces les llamaría, pero a mí en una semana….calculo que menos de 20 ni de coña. ¿Porqué? pues porque ella es una mujer ordenada, disciplinada que pone la mesa tres días antes de la comida en cuestión y que yo juraría que sabe qué va a hacer de comer antes de saber que va a montar algo y a quién va a invitar. Y yo…yo soy al revés. Cuando digo al revés digo lo completamente opuesto: no decido qué voy a hacer hasta el último momento en el que sé que encontraré una tienda abierta en la que comprar los ingredientes (a veces chinos incluidos para urgencias y olvidos de última hora).

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¿La mesa? La mesa la pongo mientras estoy cocinando a todo meter y cuando quedan veinte minutos para que lleguen. Encima andando con el tiempo justo no, sino al cuello, me da por hacer monerías varias: que si menús, que si servilletas atadas con twine…que si una combinación de platos de distintos colores que quede gracioso sin que se peguen a bofetadas unos con otros…

Vamos, que tengo un problema serio con la gestión del tiempo: me pienso que llego, me tranquilizo, y al final siempre estoy a mil cosas y con la cocina como un gallinero. Porque esa es otra: no debería decirlo y debería cambiar pero hoy por hoy soy un DESASTRE en la cocina. Mi madre y Elena friegan a medida que cocinan. Yo no. Yo amontono. Amontono hasta que acabo ocupando todas las superficies libres de la cocina. Eso incluye taburetes, escaleras y lo que sea, y lo mismo me da bandeja de horno que libro de cocina, todo lo amontono, hasta que tengo la cocina llena de torres de pisa a punto de colapsarse. Y así pasa, que de vez en cuando se colapsan y por TONTA se me rompe en mil trocitos uno de los platos más bonitos que tengo. Ahora mismo el pobre está cual cenizas en una urna, metido en una bolsa de papel en el cuarto del ordenador porque me da pena tirarlo pero recomponerlo no lo recompone ni el de la catedral de aquarius.

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Esta vez el 90% de las llamadas de mi madre eran para ver qué traía, cómo me ayudaba, para ver que iba a hacerla caso y que iba a hacer el boeuf a la bourguignonne que hice hace un par de semanas y que todavía no he publicado porque no me ha dado tiempo. Yo, como buena hija borde contestaba: “que si mamá, trae lo que quieras, que no mamá, que no voy a hacer eso, y no, no sé lo que voy a hacer, ya veré”. Es curioso, yo cuando me porto así pienso: qué pesada es mi madre, pero cuando veo a amigas mías hacer lo mismo pienso: ¡qué desagradecida!, así que lo siento mamá: soy una borde y una desagradecida, pero es que a veces las madres sois un poco intensas y un poco controladores (desde el cariño, lo sé).

Volviendo al tema: obviamente cuando le dije que en vez de la típica carne pesada iba a hacer un menú italiano ella no dijo nada, pero noté ese tono raro que ponen las madres con el que no te están diciendo que les parece mal lo que haces pero en el fondo están pensando: “vaya mierda”. Es como el “haz lo que quieras, yo no te voy a decir lo que tienes que hacer”. Uffff eso en lenguaje de madre es el equivalente a: “si lo haces, te desheredo, pero ale, toma tú la decisión que yo no te voy a obligar”. ¡Si claro! Con la fuerza puede que no, pero las “jodías” son expertas en el arte de la guerrilla psicológica.

Llegado el momento de la verdad yo estaba a las 2.30 rezando porque fuesen del tipo de invitados que llega tarde (Dios o quien sea no me escuchó…) y haciendo raviolis como una loca, pensando que mi madre iba a tener razón y nos íbamos a quedar con hambre porque estaba intentando sacar masa de lo que me faltaba para que hubiese tres raviolis per cápita mientras voceaba a grito pelado a Elena que hiciese fotos de la mesa. Vamos que no fue mi mejor momento… Lo bueno es que entre los menús de la mesa y los raviolis home made en la cocina yo creo que Dani y Betty se entretuvieron más que si hubiésemos ido a casa de mi madre, hubiese estado todo preparado, nadie se habría podido burlar de los menús en inglés. A eso hay que añadirle la sesión fotográfica previa a la comida. Tranquilos, nada llegó a enfriarse, pero entiendo que eso no suele pasar cuando vas a comer a casa de alguien normal.

A todo esto os preguntaréis si la comida estuvo bien y si las recetas que pongo sirven de algo. Os lo resumo:

La ensalada de calabaza

Es fácil, le gusta a todo el mundo y el hecho de meter al horno la calabaza además de ser fácil y no manchar le saca ese sabor especial a la calabaza que hecha de otra manera, no consigues. Además si la metes al horno con la tarta de chocolate ni hay que sentirse culpable por el gasto de electricidad. la receta no os la voy a repetir porque ya la he puesto antes y con volver a hacerla ya he cubierto el cupo de “cansinismo” por hoy.

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La ensalada templada de guisantes

Tengo que reconocer que con tanta foto y tanto me sirves, te sirvo se quedaron un poco más fríos de la cuenta: los saqué calientes, nos los servimos templados y nos los comimos…un poco menos que templados. Aún así me parece una buena opción de comer verdura y la repetiré.

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receta guisantes

Los raviolis

Si no te importa sacar la máquina de estirar la pasta y hacer pasta fresca, ¡lánzate!. Son unos raviolis distintos, con un sabor especial, muy de esta temporada y la verdad es que al comerlos se nota mucho si son hechos en casa o si son comprados. Se monta un poco de lio en la cocina por la harina pero de verdad, son fáciles fáciles y están muy buenos.

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receta pasta

La tarta de chocolate

¡Ay la tarta!. La llevo haciendo varios meses para varios cumples y sinceramente, es de las mejores tartas de chocolate que he probado. En teoría hay que hornear 3/4 partes de la masa 40 minutos, sacar la tarta, esperar a que se enfrie y, tras echar el resto de la masa, hornear otros 20 minutos para que queden dos texturas en la tarta: la de abajo más bizcocho y la de arriba más mousse, pero a mí lo que me queda siempre es la manzana de eva hecha realidad para cualquier choco adicto. La parte de dentro se queda jugosa. Y cuando sigo jugosa, digo jugosa: no como un brownie, más jugosa. La parte de fuera queda crujiente, con lo cual al comer un trozo tienes el crujiente de fuera, la jugosidad de lo de dentro…y todo esto con un sabor a chocolate que te tira para atrás porque la tartita en cuestión lleva más de una tableta de chocolate. En serio, si solo vas a hacer una tarta de chocolate en tu vida, ¡que sea esta!.

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receta chocolate fudge cake

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