Me, Myself & My Kitchen

Categoría: LIstas

Mayo y la tranquilidad de no tener deberes

¡Gracias Mayo! Gracias por tener tantos días de fiesta que, gracias a trabajar en una empresa en la que los puentes sí existen y a veces se convierten en acueductos, significa que puedo descansar. ¡Por fin!. Que conste que la mayoría de las tareas que me tienen hasta arriba me las busco y auto impongo yo. Al final creo una especie de lista de “deberes” con fechas límite de cumplimiento que, irremediablemente, casi nunca cumplo.

¡Se acabó! Este puente me voy a dejar de deberes y de tonterías y voy a dedicarme a hacer todas esas cosas que no puedes hacer cuando tienes que ir a trabajar, hacer 4 tandas de galletas distintas para llevar al trabajo el día de tu cumpleaños para que haya variedad, dar clase de pilates (recibir quiero decir), ir a recoger a no sé quién a no sé dónde, etc etc. Además mi casa lo agradecerá porque con tanta actividad suele acabar hecha una leonera…

Ahí va mi lista:

1. Hacer ramos con las flores que sobraron del taller del domingo y repartirlos por toda la casa en vasos, tazas…

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2. Secar algunas de esas flores metiéndolas entre hojas de cuadernos y poniendo peso encima o simplemente colgándolas de una cuerda en la pared de una habitación.

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3. Probar los trucos que nos enseñó Mònica en el taller del domingo…nos queda mucho, pero vamos intentándolo y Elena a este paso se va a volver una virtuosa de la fotografía

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4. Ver tranquilamente los capítulos que me quedan de la serie británica del chef Hugh Wittingstall que me tiene enamorada: “Tales from River Cottage”.

5. Tumbarme, sin miedo a quedarme dormida, leyendo y saboreando el último libro de la serie “The Wheel of Time”. Sí, una tiene su lado friki rollo Señor de los Anillos, Canción de Hielo y Fuego y os aseguro que si vosotros/as no lo tenéis es porque no lo habéis probado.

6. Cocinar con tranquilidad y escribir alguna entrada en el blog (tick: cumplido).

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7. Hacer una escapada al campo.

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(fotos sacadas de Pinterest)

8. Buscar canciones de las que te enganchan tanto que las tienes que poner “en repeat” hasta aburrir a todo el que te rodea. Como la que sigue, ¡pero nuevas!

Propósitos de Año Nuevo…

 

Ya estamos todos con los propósitos de año nuevo. Yo voy a pasar de propósitos de “la vida en general” porque acaban degenerando en filosofadas y en el fondo son siempre los mismos. Por eso me voy a centrar en éste, mi querido blog y en el día de hoy, 3 de enero.

2013

¿Que cómo empiezo el año?. Pues más o menos como lo acabé: con retraso. Hay veces que me estreso solo de escucharme a mí misma. Quiero hacer tantas cosas que nunca llego. Nunca llego porque es IMPOSIBLE llegar. Mi cabeza debe pensar que los humanos no necesitamos dormir, que el whatsapp no existe y no te hace perder tiempo…no lo sé.

La rutina de la semana del 2012 ha sido la siguiente: según me despertaba los lunes, mientras iba medio dormida en la ruta (medio dormida unas narices, porque mi cabeza en ese estado parece un partido de tenis de cuadruples, ni dobles ni leches, que si pelota por aquí, pelota por allá…), empezaba hacer listas y el “plan de la semana”. El plan de la semana suponía que cada día podría dedicarle (no sé cómo) unas 5 horas al blog. Llegaba el domingo, que es cuando cambiamos las sábanas de las camas, eran las 11.30pm y Ana todavía no había hecho la cama…pues con el blog, ¡parecido!. De la lista de tareas pendientes acababa haciendo un “tick” en la mitad. El problema es que hasta cuando había conseguido publicar dos entradas esa semana, seguía pensando que ni había hecho pan casero, ni conservas para todo el invierno, ni manteles “home made”. Pero Ana, ¿a quién coño le habría dado tiempo a todo eso?. Yo creo que ni a Jamie Oliver en modo “15 minute meals”.

Por eso mi gran propósito para el año que viene es SER REALISTA. Yo no me puedo aplicar el dicho ese de soñar lo imposible porque se me va de las manos.Voy a intentar ir poco a poco porque si no estreso hasta a los que me rodean. Nada de llegar a casa el viernes y empezar a decirle a Elena que tengo en la lista unas 50 actividades para el fin de semana, que sé que no me va a dar tiempo, pero que ¡cómo me voy a poner a ver una película después de comer si solo llevo hechas 5 de las 50!.

De todas formas como en un día (porque por mucho que digan lo del año antes de ayer era el año pasado) no se cambia a nadie, ahí va una lista de cosas que tengo pendientes del año pasado  que revolotean en mi cabeza asociadas al sentido de culpabilidad que tenías cuando, en lugar de estudiar para el próximo examen, te ponías hasta a recoger armarios. ¡Qué triste madre mía, en vez de propósitos a cumplir tengo propósitos antiguos no cumplidos!

1. Hacer pan casero

Llevo queriendo hacer pan casero, del bueno, del que no lleva levadura, sino que la levadura la haces tú a base de agua, harina y sal, desde octubre más o menos. Tengo el libro, tengo las ganas, me ha faltado el tiempo y encontrar una buena harina porque según dice Chad Robertson en el libro Tartine, no debería usar harina del súpermercado. Ya majo, pues ¡a ver de dónde me saco yo un molino a estas alturas de la vida!

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2. Publicar una entrada de un amigo que me pasó hace un mes o dos y que yo (¡mala, niña mala!) todavía no he publicado

Lo peor es que estaba asociada al otoño y el otoño…digamos que ya pasó. Lo bueno es que en cuanto a recetas se refiere, asumamos que el otoño y el invierno son primos hermanos, así que espero que el autor no me odie por el retraso – ¡de esta semana no pasa!

3. Aprender a cocinar pescado

Ejem ejem…creo que hice un día algo con unos salmonetes que me compró mi madre y ya está. Además se me había ocurrido una idea que me encantó: ir al mercado con la cámara en mano, hacerle fotos al pescado, a la carne, al pescadero, al carnicero y empezar por identificar los distintos peces antes de aprender a cocinarlos. ¿Qué ha pasado? Pues que me ha dado vergüenza, sinceramente. Una tiene mucho cuento, pero a veces se serena y se acobarda. Como sigo pensando que es buena idea y que no soy la única que no distingue un bicho de otro, lo dejaré como algo pendiente para este nuevo año…

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4. Hacer un video

Esta idea siempre me ha gustado. Me falta la casa del campo con las ventanas por las que entra una luz increíble, la encimera de mármol y el carisma de Jamie Oliver o Nigella Lawson. Y en el caso de no querer “sacar la cara” habrá que hacer algo con esas manos y esas uñas que Dios me ha dado, porque así puedo hacer un documental de cajeras del “Día”, más que un video divino de la muerte a lo Tiger in a Jar.

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5. Comprar la fruta, la verdura y los huevos directamente de la fuente: los agricultores

También quería investigar el tema de los grupos estos que se juntan precisamente para eso, pero al final la solución fácil nos la dio el vogue gourmet de enero. Esta semana vamos a probar a hacer un pedido a La Huerta Fresca para probar.

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6. Hacer “el descubrimiento culinario de la semana”

Un día se nos ocurrió a Elena y a mí establecer una rutina: probar  cada semana un queso guay, de esos caros y monos monísimos que da cosa hasta comerse para ir haciendo una “biblioteca del queso” o algo así…Al final lo hicimos un día solo, pero yo creo que este año deberíamos “sacrificarnos” por el blog.

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7. Entradas pendientes

Tengo fotos de cosas que hice hace meses, de las que no he publicado nada y el problema es que cuando se pasa el tiempo, ni la comida es “de temporada”, ni tienes las mismas ganas de contar la historia.

8. Hacer manteles, servilletas y demás

Elena estas navidades se ha convertido en una virtuosa de la máquina de coser, ayer me traje agujas de ganchillo para hacer los rebordes (tranquilos, nada de tapetes de la abuela, esto queda bien, ¡os lo juro!), así que solo me queda ir en busca de telas un día, cortar, coser, hacer ganchillo…¡casi nada, vamos!.

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9. Sumarme a Elena en su cruzada por una alimentación más sana

Un día le voy a capar internet, porque a su conocimiento enciclopédico de productos de belleza, el 21 de diciembre sumó una obsesión por un cambio radical en su vida. Yo lo llamé “Elena y unas navidades ecológicas”. Ahora que estamos todos atiborrándonos a turrón y demás guarrerías, ésta está que si con el rooibos, que si con la rebanada de pan (integral, claro está), con el pavo, con las caminatas de 1 hora (se ve que de 59 minutos no hace nada, pero de 61 te quita la celulitis, la retención de líquidos y vete tú a saber qué más). Como sé que ni ella ni yo renunciaremos al mcdonalds, tampoco creo que haga daño intentar metalizares a más fruta y menos galletas y guarrerías, así que Elena: ¡te apoyo!.

De hecho ahora que lo pienso…podemos hacer un trato… Yo tengo vacaciones de navidad hasta el 8. Si fingimos todos que mi “2012 bloguero” dura hasta entonces y que como este año no ha hecho mucho frio sigue siendo “medio otoño”, puedo tachar alguna cosa de mi lista de cosas pendientes y empezar mejor el año. Además esta semana ¡SEGURO que puedo sacarle 5 horas al día para hacer cosas relacionadas con el blog!.

¡Mierrrda!. Ya estoy no cumpliendo mi único propósito de año nuevo…Bien empezamos…

Como podéis sospechar la mayoría de las fotos de esta entrada son sacadas de pinterest (uno de mis descubrimientos del 2012).

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Tres Ideas

¿Qué hace que quieras entrar en una tienda y no en otra? Para mí es la historia que cuentan o que esconden. Dicho así suena muy cursi, pero en el fondo a lo que me refiero es que si vas a la carnicería quiero que el carnicero esté contento de ser carnicero y se pueda tirar 20 minutos convenciéndote de porque tienes que coger una pieza de carne y no  otra. No que te mire con cara de venga niña, elige algo ya que son las 7 de la tarde y me quiero ir a mi casa. Me refiero a que da gusto entrar en un sitio especial, un sitio que ha nacido de la ilusión de alguien, que tiene una historia y una temática detrás.

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Elena es una experta buscadora de “ideas”. Es rara la semana que no me sorprende con un email que cuenta la historia de como un par de hermanas, por ejemplo, economistas, dejaron su trabajo del día a día para abrir, digamos, una tienda de jabones y ahora se dedican a lo que les gusta. Por eso los sábados por la mañana me encanta salir a ver a donde me lleva. Además mi conciencia no para de repetir que aunque no vaya al gimnasio y coma un paquete de marielu al día porque la comida del comedor del trabajo está malísima, las caminatas que me pego siguiendo los pasos acelerados de Elena son como el mejor “step” del mundo.

Estos tres sitios de los que voy a hablar hoy ni los abrieron ayer, ni pretendo descubrirle América a nadie. Probablemente la mayoría ya los hayáis visto/visitado/hayáis oído hablar de ellos, pero como me estoy aficionando al tema de las listas, allá van: tres “ideas” que podríamos llamar tiendas gourmet. Son completamente distintos y no hay uno que me guste más que otro porque no son comparables, cada uno tiene su encanto.

1. Petra y Mora

Esta tienda es la hija bastarda de la papelería más mona del mundo y el mercado más mono del mundo.  ¿El resultado? Un local pequeño en la calle Ayala que te llama a que entres desde que, calle arriba o abajo ves un cartelito que tienen fuera anunciando las ofertas del día (al fin y al cabo somos españoles, ¡qué nos gusta una oferta!) y que, cuando te asomas y ves las flores a la izquierda, los moldes de nordicware a la derecha, las estanterías con libros preciosísimos de la editorial phaidon (los quiero todos) y la forma de empaquetarlo todo, ya no te está llamando, te está implorando a gritos que entres.

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Entra entra, aunque no compres nada entra y alucina con cómo un caldo de verduras bien embotellado y con una etiqueta chulísima puede convertirse en un objeto de deseo. Desde que entré estoy deseando tener un cumpleaños: ni zara ni leches, sea gourmet o no  él/la cumpleañero/a, me MUERO por hacerle un “pack gourmet”. Aunque si tengo que decidirme por algo (sin haber comprado nada todavía) me tengo que decantar por el fondo de papel de flores en la nevera que tiene la carne al fondo de la tienda. Me parece lo más: ves los filetes de carne, empaquetados uno a uno sobre un fondo de un papel precioso que, si no fuera por lo original de la idea y por no arruinarla, arrancarías para empapelar un cuarto de tu casa.

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Por cierto: para los/las trendsetter: los platos duralex ¡vuelven!. No solo los transparentes que metes al microondas, ¡los marrones feos de casa de tu abuela!. Hay veces que parece que somos tontos: basta que nos pongan algo en un sitio chulo, que nos parece lo más, pero oye, lo feo también tiene derecho y su encanto, así que ¡viva el mundo feuno!

2. La Magdalena de Proust

En una de las calles con más joyas de Madrid, la calle Regueros, entre Pez y Circo, se encuentra un supermercado ecológico y natural que  nos cautivó. Habíamos pasado por delante varias veces y tenía buena pinta, pero este sábado fuimos armadas con la cámara de fotos. ¿Qué encontramos? Encontramos un supermercado dedicado a vender productos naturales, en el que los limones se nota que son limones de verdad: no son perfectos, tienen sus granitos y su color no uniforme que demuestra que no están tratados con 15000 productos químicos. Encontramos estanterías llenas de productos ecológicos como harinas de distintos cereales, leche, huevos. Encontramos una cocina con una pizarra en la que decía que se dan cursos de cocina, un obrador y un mostrador y unas estanterías repletas de panes, bizcochos y pastas que se notaba que se habían hecho allí, y no venían congelados para ser recalentados en un horno en la parte de atrás y engañar al personal. Pero sobre todo encontramos a Laura, una chica que tenía un bebé colgado de una de esas bufandas que se dan vueltas alrededor del torso las embarazadas y que a mí me dan la impresión de que a)la madre va a coger chepa y b) el niño en cualquier momento deja de respirar. Pero no, Laura lo mismo tecleaba en su mac, que iba a la zona de la panadería y cortaba un bizcocho, mientras nos contaba la historia de “la Magdalena de Proust” y cómo esas ganas de volver a lo natural y a lo “bueno que se lleva haciendo toda la vida” les ha impulsado a construir un rincón en el que aprender a comer de forma natural. Nosotras nos llevamos una barra de pan y unas magdalenas y no nos defraudaron: el pan es del que tiene una corteza crujiente y una miga consistente, un pan de verdad, y las magdalenas son una versión un poco actualizada (con semillas de sésamo) de las magdalenas de toda la vida. La barra de pan de hecho sufrió unos cuantos ataques en el camino y llegó a casa como la tercera parte de lo que algún día fue.

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3. El jardín del convento

Nunca las monjas y lo “eclesiástico” me han llamado tanto y han sido tan “fashion”. Si mi abuelo en vez de llevarme a catequesis con una señora que nos daba montones de apuntes para aprender (entre ellos El Credo que nunca llegué a aprender de cabo a rabo y que pongo en mayúsculas por si ofendo a alguien..), me hubiese llevado a un convento con las monjas a hacer magdalenas….¿quién sabe?. Con las de clausura está claro que no tengo nada que hacer, pero si me llegan a tocar unas con un coro como el de sister act, igual hasta me habría planteado seguir los designios del Señor.

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Ahora en serio, esta tienda es una cucada en medio del Madrid más castizo (está en la calle del Cordón, justo cuando sale de la plaza de la villa). En ella puedes encontrar desde magdalenas, mermeladas de ni se sabe las frutas hasta chocolate, todo hecho en distintos conventos de la geografía española y empaquetado, como no podía ser de otra forma, mono monísimo.

Y digo yo, a ver si la gente sigue teniendo ideas, las materializa en locales monos monísimos porque al final está muy bien ver los monumentos de una ciudad, pero esto también te da una idea de la gente que la habita.

Listas: Me lo pido…

Cada día tengo más cuento. La ocurrencia de hoy ha sido la siguiente: se acerca mi segundo cumple blog. Cumple blog si contamos desde la fecha de concepción del anterior. ¿Porqué cuento desde entonces y no desde la creación de este? Pues por si cuela, porque pilla mucho más cerca y ¡porque me viene mucho mejor!

Es broma, no soy ni tan pesada ni tan pedigüeña, pero Elena me ha introducido al mundo de las listas (publicadas en internet; de la compra ya hacía yo antes, como todo hijo de vecino). Una de las listas que más me gusta es la de las cosas que quieres. Puede ser más o menos realista. Yo quiero una casa en la provenza, una cocina con isla y como toda buena “Miss” de concurso de belleza norteamericano la paz en el mundo, pero si con cosas más accesibles ya te sale una lista interminable… por algún sitio habrá que empezar.

Por cierto el orden es aleatorio, no tiene nada que ver con las prioridades. Eso sería cómo hacer a un padre elegir entre sus hijos…

1. Una cazuela de hierro fundido, en lenguaje fino una “cocotte”  porque los guisos no saben igual, porque todo se ve mejor en una cazuela con un interior blanco y porque, como mi kitchen aid, son casi un objeto de decoración. Pero ojo, las rojas, naranjas y demás…¡no!.

2. Un anillo de los que venden estas dos hermanas gallegas. Uno por empezar en algún sitio porque con lo finitos que son ¡lo suyo es acumularlos!

P.S: al meterme en la página web ya he visto que son más caros que el año pasado cuando se lo regalé a Elena… así que señoras, ¡ponganse a ello no sea que el año que viene estén más caros todavía! Y señores: ¡regálenlos a sus señoras!..o pónganselos si les va ese rollo….

3. Para poder sentirme como una verdadera francesa y preparar festines con ese “je ne sais quoi” del que tanto alardean, porque me encanta el fondo con la flor de lis y porque creo que este libro no puede faltar en ninguna cocina a pesar de que sea un libro de cocina francesa escrito por una americana.

4. Algún dia…una preciosidad de las que hace este hombre y que fotografía esta chica. Me da igual: un cake stand, un bol, una tabla para los quesos….

5. Un delantal precioso que me va a hacer Bea.

6. Una bici para superar el miedo que tengo desde cierto pequeño accidente que tuve de pequeña y para poder comer dulce sin que se resientan las pantorrillas.

7. Aprender de Federica y Merche haciendo uno de sus cursos.

8. Un huerto urbano/jardín de hierbas como éste que me regalo mi hermana. Si ya lo tengo ¿porqué quiero otro?. Porque lo que me falta es a constancia para mantenerlo y hace tiempo que pasó a mejor (o peor) vida…

9. Como en otra época no puedo vivir, haciendo bizcochos en algún molde de estos puedo sentirme un poco más Elizabeth Bennet…

10. Ir a un concierto de Mumford & Sons, Laura Marling, Patty Griffin…

11. Botes llenos de flores frescas los sábados por las mañanas.

12. Que alguien invente una máquina que hiciese zumo de naranja sola en menos de un minuto a un precio asequible y que no ocupase media cocina.

Acabo de darme cuenta de que un pequeño deseo ya se me ha concedido: ¡Mumford & Sons ha sacado nuevo disco!

Ahora solo me queda esperar que George R R Martin no tarde mucho en escribir su nuevo libro para poder ponerlo en mi lista de “me lo pido”.

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