Sacando mi lado masculino

por memyselfandmykitchen

IMG_7506

Bea se ríe cuando digo que hacer paté de pollo es algo muy masculino. Es una tontería mía llamarlo así, pero a veces parece que los blogs vegetarianos son típicamente de chicas y que los que le dan a la morcilla, las salchichas y la carne son los chicos. Como con la lectura y las películas, yo nado entre los dos mundos. Lo mismo me gusta Jane Austen que George RR Martin. Pues aquí igual: comiendo ensalada de quinoa con verduras y frutos secos me siento muy virtuosa y “moderna”, pero tengo que reconocer que donde esté una buena morcilla, un buen trozo de bacon, que se quite de en medio el mundo vegetariano.

El otro día Bea se volvía a reir cuando le decía que tengo muchas ganas de ir a una matanza. “Pero Ana, si eso es asqueroso. ¿Quieres ver la sangre saliendo a borbotones”. Pues si. Si quiero. Nunca he sido ni muy asquerosita ni muy remilgada, así que me encantaría ir a la matanza y ver qué se hace con un cerdo entero. Quiero aprender a hacer morcilla, salchichas, chorizo, jamón y ver cómo alguien es capaz de despiezar un bicho entero.

Puede sonar un poco gore, pero realmente el ejercicio de hacer algo con todas las partes del animal es la única forma de respetarlo y de, ya que hay que matarlo, sacarle el máximo partido. Además significa aprender a aplicar casi todas las técnicas que existen a un mismo animal y solo me imagino la satisfacción que debe dar ver en tu garaje una fila de salchichón, chorizo, salchichas y morcillas colgadas, separadas unas de otras, eso sí, con nudos de “twine”  blanco y rojo.

IMG_7511

IMG_7509

IMG_7507

Como las matanzas tengo entendido que en pleno verano no se hacen, lo que sí puedes hacer en cualquier época del año es paté con el hígado de un animal. Para uno de los talleres de Kinfolk preparé uno de pollo y además de estar buenísimo, es un plato muy barato que aprovecha los hígados de pollo que, sinceramente, casi nadie quiere. He de reconocer que el momento de ir a la compra y de desembalar aquello una vez llegué a casa me daba un poco de respeto. No os voy a engañar. Hasta el pollero los cogía con unos guantes y los hígados no son la cosa más bonita del mundo. De hecho cuando te los venden vienen con el corazón y con alguna cosa más, así que por un lado hay que tener en cuenta que al limpiarlos se quedan en mucho menos de lo que has comprado y, por otro, eso, ¡que hay que limpiarlos!.

En cuanto me puse a limpiar el segundo ya superé mis ascos y mis reservas y andaba tan feliz, limpiando, cortando y preparando los hígados para su delicioso destino. La receta que usé la saqué de la página de Jamie Oliver y cuando busqué me dio la impresión de que, mientras los franceses se centran en los foies de pato y de oca, mis amigos los ingleses son los amantes del paté de pollo. La clave de todas las recetas está en darle un sabor más agradable al hígado a través de hierbas aromáticas, bastante sal y pimienta. La verdad es que la transformación es increíble. La textura del paté queda súper suave y cremosa.

Además para que el paté dure unos días en la nevera hay que cubrirlo con una grasa (en esta receta mantequilla) y esa parte ya es la guinda sobre el pastel: puse unas ramitas de tomillo entre el paté y la grasa que lo cubría y pude ver como esos hígados feos y un poco asquerosos se convertían en una cuasi pieza de museo con una pinta de lo más profesional gracias a ese toque final.

No voy a ser pesada, pero ¿os acordáis de que me paso el día diciendo que lo mejor del mundo es hacer tú mismo cosas que se venden? Pues este paté casero es un ejemplo perfecto de eso mismo. Con la ventaja de que sabes lo que lleva y de que todo lo que hace uno mismo ¡siempre sabe mejor!

IMG_7513

Si queréis ver fotos de cómo queda cuando la mantequilla se solidifica, podéis ver las preciosas fotos que hizo Mònica Bedmar  durante el taller de flores de abril. Aquí tenéis una, otra, y una tercera en la que solo se ve un poco de paté, pero en la que aparece un entrante del que tengo pendiente hablaros desde hace meses…

Paté de Hígado de Pollo de la vieja Escuela

(adaptada de una receta de Jamie Oliver)

300gr mantequilla (tranquilos, no te la comes toda)

2 chalotas

2 dientes de ajo

400gr hígados de pollo, limpios

1 vaso pequeño de brandy

tomillo fresco

aceite de oliva, pimienta y sal

1. Precalentar el horno a unos 225ºC. Poner la mitad de la mantequilla en un recipiente resistente al horno y meterlo al horno para que la mantequilla se derrita y se separe (unos 10 mins). Colar la mantequilla sobre un bol aparte que reservaremos. En el colador se quedan unos trozos de mantequilla más blanquecina. Eso se puede tirar.

2. Poner un poco de aceite en una sartén y pochar las chalotas y el ajo durante unos 10 mins con un poco de sal, hasta que estén blandos y un poco dorados. Apartar del fuego llegados a este punto y reservar en un plato. Limpiar la sartén con un poco de papel de cocina, subir el fuego y saltear los hígados con un par de ramilletes de tomillo picado. Cocinar los hígados durante unos minutos en cada lado, hasta que cojan algo de color, pero manteniendo el interior rosado. Si nos pasamos cocinándolos en este punto el paté no quedará tan suave.

3. Añadir el brandy y dejar que se reduzca durante un minuto o dos. Echar la mezcla en un vaso batidor (yo uso el complemento que viene con el minipimer) con las chalotas y el ajo cocinados. Triturar hasta que quede un puré suave, añadir la mantequilla que quedaba (derretida) y seguir batiendo/triturando. Añadir sal y pimienta, si hace falta más tomillo picado e ir probando hasta que quede como te gusta.

4. El paté ya está hecho. Solo queda ponerlo en recipientes pequeños (tipo ramekins), colocar unas ramitas de tomillo para decorar y verter la mantequilla derretida clarificada (la que colamos en el paso 1) hasta cubrir toda la superficie y meter en la nevera. Recié hecho está bueno, pero si se deja un par de días en la nevera está mejor porque da tiempo a que los sabores se desarrollen. Sobre un trozo de pan tostado calentito está para morirse.

Anuncios