Semana de cumples

por memyselfandmykitchen

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Abril en casa siempre ha sido sinónimo de cumple. Cumplo yo, cumple Elena, cumple mi padre…por cumplir cumple hasta mi tia. Y todo en una semanita. ¿Lo bueno? que todos los días parecen Navidad: si no regalas, te regalan y a mí me gusta tanto lo uno como lo otro, así que yo ¡feliz!. ¿Lo malo? que si te hace ilusión buscar un regalo especial, o preparar algo especial para comer o cenar, NO TE DA LA VIDA.

Por eso hay que buscar soluciones con una buena relación “calidad-tiempo empleado” y encontrar la forma de que queden lucidas. En mi caso las soluciones fueron una comida para mis padres el día del cumple de mi padre y un desayuno un poco especial para Elena el día de su cumple. El desayuno realmente fue una tontería pero es lo de siempre: si te paras a pensar un minuto, seguro que se te ocurre una forma de hacer algo distinto en el mismo tiempo que tardarías en hacer lo de todos los días. Vayamos por partes y siguiendo el orden cronológico de las cosas que por algo Rober cumple antes que Elena, aunque solo sea por un día.

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Probablemente os pase como a mí: con tantas idas y venidas a mis pobres padres llevamos una época que los tenemos un poco abandonados. Te llaman y tienes el móvil silenciado, no puedes quedar porque ya has quedado o tienes esto o tienes lo otro, y al final, solo acabas llamándoles tú (con vocecita, eso sí) cuando te toca pedirles algo. Lo reconozco, los hijos somos unos ingratos. Pero como un padre y una madre lo perdonan todo y no solo eso, sino que valoran cualquier cosita que hace un hijo como si fuese algo fuera de lo normal y además se encargan de que todos sus amigos se enteren, decidimos invitarles a comer a casa.

Como Rober se ha vuelto fan de la comida italiana y mucho tiempo no tenía porque también tenía que comprar el regalo de Elena para el día siguiente, tiré por lo fácil: una ensalada caprese tuneada, unos espárragos trigueros cocidos con una vinagreta con vinagre y mostaza, unos fusilli con calabacín y de postre unas fresas maceradas con vinagre de módena, azúcar y romero. La mini bandeja de pasteles que trajo Elena debo reconocer que tampoco nos vino mal. El “tuneo” de la caprese consiste en mezclar tomates crudos con estos tomates asados que últimamente le echo a TODO, y en añadir unas almendras picadas y alguna hoja de verde. Los espárragos cocidos son la típica cosa que parece más de madre (plancha= joven, cocer=madre), pero que con una vinagreta con un poco de gracia están bien buenos y los fusilli son básicamente una variación de la pasta que hago normalmente con verdura con la excepción de que en lugar de cortar el calabacín lo rallo. Son muy fáciles de hacer y es increíble la cantidad de sabor que consigues en muy poco tiempo, así que en serio, esta receta es de las que os tenéis que apuntar.

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Si además de cocinar un poco encima usas la tela que había comprado Elena para hacer un delantal y que es un lino en tonos grisaceos mono monísimo, pones un bote de mermelada con un par de florecillas silvestres y tienes la mesa puesta para cuando llegan, ¡encantados de la vida!

Y ¿el desayuno para Elena?. Pues el desayuno quedó más lucido porque iba acompañado de algún que otro regalito, pero oye, en este mundo en el que a veces, por no perder tiempo ni desayunas en casa, que alguien que está de vacaciones se levante cuando tú te levantas para ir a trabajar ya es algo. Si encima te hace un zumo de naranja, un café (ah no, que Elena toma un té asqueroso que no hay quien se trague y que debe ser e último recurso de las bulímicas cuando no pueden vomitar) y una “french toast” con unas fresas, ya el día se empieza  de otra manera. Al final se lo comió tan rápido (y yo la mía correspondiente), que no hicimos fotos. La receta oficial la podéis encontrar en infinidad de páginas porque está más visto que el tebeo, pero yo ya ni las miro: mezclo un huevo con algo de leche en un plato hondo hasta que tiene un color ni de leche ni de huevo, añado un poco de canela, dejo las rebanadas de pan de molde (eso sí, gordito con miga) dentro del líquido para que lo chupe un rato. Cuando la rebanada ha absorbido suficiente líquido, pongo una sartén al fuego con un poco de mantequilla y hago la tostada hasta que quede dorada por los dos lados. Cuando está hecha llega la mejor parte: hay que rebozarla en azúcar y ¡lista para comer!

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Por cierto, esa cazuela preciosa que veis en las fotos: mi auto regalo de este año. Porque si no te traen lo que pides, ¡hay que tomar cartas en el asunto!. Ah y el bizcocho que veis al lado de las fresas es un bizcocho de polenta y ruibarbo que os debo.

receta fusilli

espárragos

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