El no hacer las cosas cuando hay que hacerlas

por memyselfandmykitchen

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Hay gente que parece que siempre hace las cosas en el momento justo, gente organizada a la que le da tiempo a todo. Yo no soy una de esas personas. No sé cómo, muchas veces me veo haciendo algo a toda prisa y pensando: “pero ¿quién me manda a mí ponerme a hacer esto ahora precisamente?”. Pues a veces me mandan las prisas, a veces mis ganas de hacerlo TODO y a veces la nevera.

Las prisas está claro, mis ganas de hacerlo todo, también, pero la nevera es la más perversa de las tres razones. De hecho en el fondo la culpable sigo siendo yo por haber hecho una compra un día pensando que tengo el ritmo de producción en la cocina de Jamie Oliver. Como no es así, en la nevera se van acumulando los plátanos, calabacines (en serio Ana, cómpralos de uno en uno, no de tres en tres) y la semana pasada el ruibarbo.

El tema del ruibarbo es todavía más grave que si se tratase de una mísera pera o manzana. No me gusta tirar nada a la basura, pero ¿tirar ruibarbo? con lo carísimo que es y lo “facilísimo” que es encontrarlo. NI DE COÑA. Ya pueden ser las doce de la noche, puede llamar a mi puerta el marido de Fergie, que yo tengo que hacer algo con el ruibarbo.

Eso fue, más o menos, (sin el marido de Fergie) lo que me pasó el sábado pasado. Nos íbamos a Lisboa el día siguiente, la casa patas arriba, la maleta no es que estuviese sin hacer, es que estaba sin conceptualizarse siquiera, la tarde iba avanzando y yo, para variar, tan tranquila. Tan tranquila estaba que, para aprovechar el ruibarbo al máximo, decidí buscar no una, sino DOS recetas para hacer. Porque sí, porque yo lo valgo, porque cocino a la velocidad del sonido. Además ya puestos decidí hacer casi un reportaje fotográfico. ¿Por qué? Pues porque es tan bonito, tan rosa y lo consigo tan pocas veces al año que la maleta era lo que menos me importaba en el mundo.

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Luego me pasó otra de las cosas que me pasa siempre: la nevera tendría ruibarbo por un tubo pero huevos NI UNO. Vístete (por ahora no estoy tan mal como para bajar al super en pijama), coge el bolso, el monedero, baja espera la cola y todo ¿para qué? para media docena de huevos…Si si, solo para eso y un paquete de rúcula, que fue la única concesión que tuve por parte de Elena, la reina de la razón y el racionamiento cuyo lema para ese día fue: “si nos vamos mañana Ana, no compres más comida y acaba lo que hay”. Así visto en frío es un lema de lo más razonable, pero si es por mí, habríamos cenado algo del libro de April Bloomfield o de Jerusalem, con las sobras correspondientes.

De vuelta al ruibarbo: al final, OBVIAMENTE no me dio tiempo a hacer las dos recetas que tenía pensadas. Elena y todo el que lea esto seguro que podéis decir: “lo sabía”, y yo en el fondo también debía saberlo, pero como todos nos hacemos los tontos con algunas cosas en la vida empezar empecé las dos. Una la acabé: los bizcochos de ruibarbo y harina de sarraceno de las fotos y con la otra me quedé a medio camino. Es un bizcocho de polenta (a falta de polenta iba a usar harina de maíz) y una compota de ruibarbo. La compota la hice, la metí en bolsas y está esperándome en el congelador, con lo cual el objetivo de utilizar el ruibarbo al completo por lo menos lo cumplí.

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Los muffins/bizcochos de las fotos son una adaptación de una receta del libro de Aran Goyoaga, la chica del blog Cannelle et Vanille. Por ahora todo lo que he probado del libro (dulces) me ha encantado, pero he de reconocer que simplifico: esta chica debe tener una despensa que quién pudiera porque todas las recetas incluyen listas de ingredientes del tipo: 30gr harina de arroz, 30gr harina de mijo, 60gr harina de castañas. Mira…¡como que no!. Seguro que si las seguís al pie de la letra están mejores, tienen unos matices buenísimos de las distintas harinas, pero ¡ánimo con la compra!. Por eso al final acabo simplificándolas y la verdad es que las recetas son tan buenas que aguantan mis interferencias.

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Hay que tener cuidado al sustituir ingredientes en recetas de repostería. No vale todo. Lo mismo que haciendo un cocido pesar todos los ingredientes me parece ridículo y contra natura, en un bizcocho como no peses la harina, la levadura, la mantequilla y cada cosa tenga su proporción correcta, puede que no salga como tiene que salir. En general cuando ve recetas con ingredientes raros, suelo acudir a esta página para buscar ayuda. A partir de ahí creo que es un poco práctica y sentido común: en el caso de estos bizcochos, al llevar harinas integrales, hay que tener cuidado al sustituir unas harinas por otras. Del libro de Kim Boyce, “Good to the Grain”, por ejemplo, aprendí que si haces un bizcocho solo con harina de sarraceno corres el riesgo de que la miga no te salga esponjosa. Por eso, al hacer las sustituciones, incluí harina normal de toda la vida para asegurarme de que funcionase. La gente que es intolerante al glúten puede que no pueda hacer esto y por eso Aran en e libro de las listas de ingredientes infinitos ha encontrado combinaciones de muchos ingredientes que consiguen un resultado parecido o mejor al que obtendrías con harina normal. Lo que quiero decir es que poco a poco, a base de ir haciendo cosas, cada uno va desarrollando un instinto y, en función de lo que quiere/necesita puede ir jugando con las recetas.

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Mi adaptación de estos bizcochos quedó bastante resultona. No siempre me han salido bien los bizcochos con parte bizcocho, parte de fruta y parte de “crumble/streusel” o como queráis llamarlo por encima. Es difícil que la fruta no suelte demasiada agua, que el crumble no se apelmace, pero esta vez la combinación fue perfecta. Además tienen la combinación perfecta de dulce y ácido: el ruibarbo mantiene un punto de acidez y frescor, mientras que el crumble le da un punto dulce y distinto gracias a la harina de sarraceno. Podéis sustituir otras frutas en la receta, pero lo mismo de antes: buscando frutas que se parezcan al ruibarbo en cuanto a sabor y contenido en agua.

PS: Imagino que todos estamos igual y que estáis hartos de oir siempre lo mismo, pero os lo juro, llevo varias semanas que NO ME DA LA VIDA. A veces me entran ganas de volverme un ente asocial y encerrarme en casa a hacer “mis cosas”. Os debo fotos del “Baking Workshop” de Kinfolk, os debo alguna receta del libro nuevo de April Bloomfield que me tiene loca y alguna cosa más. A ver si, a pesar de que todo el mundo anuncia la primavera en instagram con los árboles de las florecillas rosas (fue mi forma de enterarme de que había llegado), con la lluvia que estamos teniendo me encierro un poco en casa y me pongo al día.

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