El invierno

por memyselfandmykitchen

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No hay nada mejor que comer manzanas en otoño y melón en verano, ¿no?. Pues entonces ¿por qué no hago más que ver cerezas en todos los puestos de fruta de mercados y supermercados?. ¿Somos tontos?. Para que se pudran está claro que no las tienen, así que alguno/a debe haber por ahí que las compra. Y lo digo yo que soy lo más ansioso e impaciente que hay en el mundo. Si yo me puedo esperar a junio, ¡tú también!.

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A veces es difícil, lo sé. El invierno es un poco rollo. Yo me puedo comer dos magnum dobles de caramelo (si, de esos que no sé quien decidió que ya no se venderían en formato normal, solo en formato chiquitito…arggg) pero me enfrento a una manzana yo sola…y es como subir el everest. No es que esté mala, está buena, pero es de un aburrido…Además te la comes y a la hora ya estás de vuelta al cajón de los carbohidratos.

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Para no caer en una profunda depresión, hay que aprovechar lo que solo hay en invierno o, lo que solo pega comer en invierno. En este caso ¡castañas!. Mi furia castañera nació un día en Maricastaña (joe, que rebuscado, aquí todo rima, básicamente porque estoy repitiendo la palabra castaña unas 5 o 6 veces), cuando probé el típico coulant de toda la vida, pero que resultó no ser tan típico. El camarero dijo muy rápido coulant de castañas y chocolate y nosotros nos quedamos pensando…¿el coulant lleva las dos cosas o tienes uno de cada?. Como suele pasar, creíamos que era lo segundo y pedimos el de chocolate, pero para mi gozo acabó siendo lo primero. En realidad era un bizcocho jugoso de castañas con una salsa de chocolate. Mmmmmm. Desde ese día le recordaba a Elena que tenía que hacer algún bizcocho de castañas unas 50 veces al día. No sé de qué pensaba que me iba a servir: ni compraba los ingredientes, ni me ponía a hacerlo, pero yo se lo decía.

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Luego llegó nochebuena e hice lo que suelo hacer: “Elena, he visto que en Petra y Mora tienen crema de castañas”, le dije un par de veces a lo largo del día. Para que os vayáis situando, como no somos de dejar las cosas para el último minuto ni nada ese día compramos, por la mañana (y por separado), los regalos la una de la otra. Por la tarde, cuando ya te echan de las tiendas, compramos los del resto de la familia. Pues en la excursión vespertina (creo que por la tarde “en fino” se dice así) le pregunté de forma indiscreta si había “pillado mi indirecta” de las castañas. “Que sí, Ana que sí”, contestó ella, “pero no tenían crema, tenían puré y harina”. “Pues hija Elena, quien dice crema dice puré” repuse yo. Cualquier otra persona a estas alturas me habría mandado a freir espárragos trigueros. Se nos echaba la tarde encima y yo iba dando a entender que no estaría mal pasarse a por lo que ella no habría comprado. Después de años y años de aguantarme, Elena ha debido desarrollar un callo o algún tipo de inmunidad a mi pesadez, así que 10 minutos después allí estábamos, en Petra y Mora, comprando, no solo el puré, sino la harina también (por si acaso porque todavía no tenía ninguna receta en mente).

Eso fue el 24 de diciembre, ¿no?. Con todas las prisas del mundo, ¿no?. Pues nada, hasta ayer, 10 de febrero, no he tocado los botes de castañas en sus dos estados más que para colocarlos y descolocarlos de la encimera de la cocina, donde estaban de adorno, cada vez que tocaba fregarla. ¡Pa matarme!

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Pues la espera debió merecer la pena porque parece que este bizcocho (y alguna cosa más) es la cura para todo porque hoy he llegado a casa y entre el frio y que andaba un poco choff (vaya usted a saber por qué si a veces ni yo me entiendo) y me lo he comido de merienda. Bueno, puntualizo: he calentado unos spaguettis que sobraron de ayer, he cogido una onza de chocolate lindt y, al ver el bizcocho ahí, dentro de la cúpula que forma la tartera de ikea, y no teniendo pan a mano, le he metido unos cuantos viajes. Y es que no sé qué es, pero este bizcocho tiene algo…Es de esos que coges un trozo, te vas, vuelves, te vas, vuelves…Tiene un sabor especial: ni a chocolate exactamente n a castaña y no es demasiado dulce. No sé si será porque el puré de castaña que usé no era dulce, pero me ha encantado. Además la textura es el paraíso en forma de bizcocho: ligera, pero con cuerpo. En serio, es un bizcocho que tenéis que hacer. Yo de hecho estoy pensando en acabar los 300 y pico gramos de puré de castañas que me quedan en una reedición….( sí, como siempre he abierto un bote para echar algo más de un par de cucharadas)

La receta la podéis encontrar aquí. Yo como harina usé harina de espelta que era lo que tenía y, en lugar de las galletas “amaretti”, unas que llevábamos buscando Elena y yo un par de semanas: las speculoos de la marca Lotus que te ponen en paquetitos de dos con el café en muchas cafeterías.

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