Diario de cenas de días corrientes: El Martes

por memyselfandmykitchen

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Las cremas de verduras son como las infusiones: quieres que te gusten más de lo que te gustan. No es que estén malas, pero no se me antojan como un mcbacon. Es como el rooibos dichoso: que no, que hay veces que te apetece un café y punto. ¿Que es peor? pues lo será, pero sabe a gloria bendita y te espabila más que las hierbas esas.

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Como el año pasado lo intenté con las infusiones y algunas he conseguido que me gusten, este año tocan las cremas. ¿A qué viene esa obsesión? Pues básicamente a dos razones: una, que las haces un día y tienes para cuando quieras y dos, que mi padre afirma haber llegado a un peso récord (para abajo) gracias a las cremas. Si él, que presume de haber comido, yo que sé, 70 chuletas de cordero en una sentada o 50 gambas, puede, ¡yo también!. Eso sí, para que sean efectivas, esto no puede ser como lo de las ensaladas con bacon, queso y  alguna que otra bomba calórica.

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En el caso de las cremas debe ser cuestión de pillarles el punto y buscar recetas “con gracia”. De hecho las que tomas en las casas no tienen nada que ver con las de los restaurantes: ni la textura es tan fina ni los sabores tan conseguidos. Como hay que empezar por la acera, no me voy a lanzar a hacer una crema de boniato con tamarindo y leche de coco. Eso sí, os aviso: las cremas son fáciles pero un poquito guarras. Primero está la batidora de vaso: la llenes por donde la llenes, pongas el trapo que pongas encima de la tapa y sujetes con la fuerza que sujetes algo se mancha fijo. Después te toca pagar el peaje del colador, chino o sucedáneo. Yo, que llevo toda la vida evitando tamizar la harina porque ODIO el colador ese grande que tengo guardado en un cajón, para las cremas me resigno y lo saco. Aunque te mate, hazlo porque a menos que tengas una super thermomix, va a quedar mucho más fina y rica.

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Como una crema solo resulta aburridillo hicimos unas tostadas de pan de espelta con queso (brie, porque era lo que teníamos) y estos tomates de los que ya os hablé que son un invento: están que te mueres y son súper fáciles de hacer. Para hacer la crema necesitaréis(yo hice como para dos dos o tres días, pero todo depende de lo espesa/caldosa que te guste): 5 puerros, que, cortados finitos y con un poco de aceite, sal y tomillo puse a rehogar a fuego medio. Una vez estén blanditos y un poco doraditos, añadimos agua hasta que los cubrimos (y un par de dedos más) y dejamos a fuego bajo-medio una media hora. Mi madre me dijo que estas cremas se espesan con patata, así que esto vuelve a ser gusto del consumidor: yo eché una pequeñita porque quería más sabor a puerro que a patata. Pasado este tiempo, trituramos, colamos y lista para adornar con un poco de nata, pimienta, cebollino o la hierba que se os ocurra. Lo de la nata reconozco que es más por estética que por otra cosa… Os dejo con una canción de estas que te animan, ¡que ya estamos a mitad de semana!

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