Un domingo “a la italiana” pero no en casa de “la Mamma” y una de las mejores tartas de chocolate del mundo

por memyselfandmykitchen

Llevo dos semanas con esta entrada preparada pero no me apetecía publicar…A veces te pasan cosas que hacen que te des cuenta de lo que verdaderamente importa y de que publicar hoy o mañana da igual, tus ansias por acabar y publicar y poner un tick en la lista quedan relegadas a un segundo plano. Aún así también te das cuenta de que la vida sigue y cada uno tiene que hacer lo que le gusta y lo que le hace estar alegre. En mi caso una de esas cosas es esto, así que con dos semanas de retraso ahí va lo que pasó hace un par de domingos:

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“La Mamma” últimamente se está aficionando a esto de comer en casa de “la bambina”, o más bien, a invitar a distintos miembros de “la familia” a comer a mi casa. El domingo les tocó hacer de conejillos de indias a mis primos Dani y Betty y mi madre, aunque no hacía exactamente de anfitriona, ya se encargó de las gestiones telefónicas: con Dani, con Betty, con Elena y conmigo. A ellos no sé cuántas veces les llamaría, pero a mí en una semana….calculo que menos de 20 ni de coña. ¿Porqué? pues porque ella es una mujer ordenada, disciplinada que pone la mesa tres días antes de la comida en cuestión y que yo juraría que sabe qué va a hacer de comer antes de saber que va a montar algo y a quién va a invitar. Y yo…yo soy al revés. Cuando digo al revés digo lo completamente opuesto: no decido qué voy a hacer hasta el último momento en el que sé que encontraré una tienda abierta en la que comprar los ingredientes (a veces chinos incluidos para urgencias y olvidos de última hora).

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¿La mesa? La mesa la pongo mientras estoy cocinando a todo meter y cuando quedan veinte minutos para que lleguen. Encima andando con el tiempo justo no, sino al cuello, me da por hacer monerías varias: que si menús, que si servilletas atadas con twine…que si una combinación de platos de distintos colores que quede gracioso sin que se peguen a bofetadas unos con otros…

Vamos, que tengo un problema serio con la gestión del tiempo: me pienso que llego, me tranquilizo, y al final siempre estoy a mil cosas y con la cocina como un gallinero. Porque esa es otra: no debería decirlo y debería cambiar pero hoy por hoy soy un DESASTRE en la cocina. Mi madre y Elena friegan a medida que cocinan. Yo no. Yo amontono. Amontono hasta que acabo ocupando todas las superficies libres de la cocina. Eso incluye taburetes, escaleras y lo que sea, y lo mismo me da bandeja de horno que libro de cocina, todo lo amontono, hasta que tengo la cocina llena de torres de pisa a punto de colapsarse. Y así pasa, que de vez en cuando se colapsan y por TONTA se me rompe en mil trocitos uno de los platos más bonitos que tengo. Ahora mismo el pobre está cual cenizas en una urna, metido en una bolsa de papel en el cuarto del ordenador porque me da pena tirarlo pero recomponerlo no lo recompone ni el de la catedral de aquarius.

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Esta vez el 90% de las llamadas de mi madre eran para ver qué traía, cómo me ayudaba, para ver que iba a hacerla caso y que iba a hacer el boeuf a la bourguignonne que hice hace un par de semanas y que todavía no he publicado porque no me ha dado tiempo. Yo, como buena hija borde contestaba: “que si mamá, trae lo que quieras, que no mamá, que no voy a hacer eso, y no, no sé lo que voy a hacer, ya veré”. Es curioso, yo cuando me porto así pienso: qué pesada es mi madre, pero cuando veo a amigas mías hacer lo mismo pienso: ¡qué desagradecida!, así que lo siento mamá: soy una borde y una desagradecida, pero es que a veces las madres sois un poco intensas y un poco controladores (desde el cariño, lo sé).

Volviendo al tema: obviamente cuando le dije que en vez de la típica carne pesada iba a hacer un menú italiano ella no dijo nada, pero noté ese tono raro que ponen las madres con el que no te están diciendo que les parece mal lo que haces pero en el fondo están pensando: “vaya mierda”. Es como el “haz lo que quieras, yo no te voy a decir lo que tienes que hacer”. Uffff eso en lenguaje de madre es el equivalente a: “si lo haces, te desheredo, pero ale, toma tú la decisión que yo no te voy a obligar”. ¡Si claro! Con la fuerza puede que no, pero las “jodías” son expertas en el arte de la guerrilla psicológica.

Llegado el momento de la verdad yo estaba a las 2.30 rezando porque fuesen del tipo de invitados que llega tarde (Dios o quien sea no me escuchó…) y haciendo raviolis como una loca, pensando que mi madre iba a tener razón y nos íbamos a quedar con hambre porque estaba intentando sacar masa de lo que me faltaba para que hubiese tres raviolis per cápita mientras voceaba a grito pelado a Elena que hiciese fotos de la mesa. Vamos que no fue mi mejor momento… Lo bueno es que entre los menús de la mesa y los raviolis home made en la cocina yo creo que Dani y Betty se entretuvieron más que si hubiésemos ido a casa de mi madre, hubiese estado todo preparado, nadie se habría podido burlar de los menús en inglés. A eso hay que añadirle la sesión fotográfica previa a la comida. Tranquilos, nada llegó a enfriarse, pero entiendo que eso no suele pasar cuando vas a comer a casa de alguien normal.

A todo esto os preguntaréis si la comida estuvo bien y si las recetas que pongo sirven de algo. Os lo resumo:

La ensalada de calabaza

Es fácil, le gusta a todo el mundo y el hecho de meter al horno la calabaza además de ser fácil y no manchar le saca ese sabor especial a la calabaza que hecha de otra manera, no consigues. Además si la metes al horno con la tarta de chocolate ni hay que sentirse culpable por el gasto de electricidad. la receta no os la voy a repetir porque ya la he puesto antes y con volver a hacerla ya he cubierto el cupo de “cansinismo” por hoy.

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La ensalada templada de guisantes

Tengo que reconocer que con tanta foto y tanto me sirves, te sirvo se quedaron un poco más fríos de la cuenta: los saqué calientes, nos los servimos templados y nos los comimos…un poco menos que templados. Aún así me parece una buena opción de comer verdura y la repetiré.

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Los raviolis

Si no te importa sacar la máquina de estirar la pasta y hacer pasta fresca, ¡lánzate!. Son unos raviolis distintos, con un sabor especial, muy de esta temporada y la verdad es que al comerlos se nota mucho si son hechos en casa o si son comprados. Se monta un poco de lio en la cocina por la harina pero de verdad, son fáciles fáciles y están muy buenos.

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La tarta de chocolate

¡Ay la tarta!. La llevo haciendo varios meses para varios cumples y sinceramente, es de las mejores tartas de chocolate que he probado. En teoría hay que hornear 3/4 partes de la masa 40 minutos, sacar la tarta, esperar a que se enfrie y, tras echar el resto de la masa, hornear otros 20 minutos para que queden dos texturas en la tarta: la de abajo más bizcocho y la de arriba más mousse, pero a mí lo que me queda siempre es la manzana de eva hecha realidad para cualquier choco adicto. La parte de dentro se queda jugosa. Y cuando sigo jugosa, digo jugosa: no como un brownie, más jugosa. La parte de fuera queda crujiente, con lo cual al comer un trozo tienes el crujiente de fuera, la jugosidad de lo de dentro…y todo esto con un sabor a chocolate que te tira para atrás porque la tartita en cuestión lleva más de una tableta de chocolate. En serio, si solo vas a hacer una tarta de chocolate en tu vida, ¡que sea esta!.

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