Oda a la morcilla

por memyselfandmykitchen

Debo tener alma de viejo de pueblo porque todo lo que está relacionado con la matanza me gusta. De hecho si se hace en un pueblo, sabe mejor. Elena diría que sabe a barato, pero qué narices, ¡sabe a auténtico!. Por eso que no te engañen, lo que venden en Madrid como morcilla de Burgos en general NO ES MORCILLA DE BURGOS. Pero si es que en un mismo pueblo en Burgos dependiendo de dónde compres la morcilla ¡sabe distinta!. Que si con pimienta, que si con pimentón.

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Yo cada día o tengo la mente más abierta, o me vendo a cualquiera dependiendo de cómo se mire. De pequeña me gustaba solo una que compraba la familia de mi abuela y que traían en cantidades industriales que NO llevaba pimentón. Nada de morcillas rojas, para eso el chorizo. Estas eran (y siguen siendo) negras y preciosas, así que cada vez que pasaba por Madrid un primo/tío/cuñado o derivado, pues nada, una bolsita con 20 morcillitas para “la Emiliana”. Yo lo agradecía con locura, como si me regalasen 25 vestidos ahora, que no entonces, porque aquello me debió pillar en mi época mari macho chunga chunga que toda chica con personalidad ha tenido. Es la típica época en la que en el momento en el que te acercan un vestido te empiezas a poner como una energúmena y tiras de chandal por debajo de sobacos, zapatillas de baloncestista (en un 42 que es la joya de talla de pie que Dios me ha dado), por no olvidarnos del colgante feo feo feo que te regalaron y que llevas colgando de un hilo negro que te aprietas al cuello cual suicida colgado del ventilador. El colgante hasta penduleaba (creo que me acabo de inventar una palabra…), con eso os lo digo todo.

lasaña

Antes de que me pierda con reproches a mi madre por dejarme salir de casa de semejante guisa, vuelvo al tema que nos ocupa: la morcilla. Pues eso, que yo no sé cuanta gente creían que vivía en casa de “la Emiliana”, pero allí estaban ella y mi abuelo y en la mía mi madre, mi padre, Elena y yo. Debieron tener en cuenta que mi abuelo es capaz de comer morcilla hasta cruda y que yo he debido heredar el gen porque me gusta sola, acompañada, frita, asada…, pero como además congelada dura perfectamente, nosotros, a pesar de no ser un regimiento, le dábamos salida.

Como el otro día tenía un espécimen de esos: de morcilla “de la buena del pueblo”, no me hizo falta más para comer: a Elena la versión tradicional: con patatas y huevo frito – bueno, más que frito a la plancha (por manchar menos), y en mi caso me puse un poco más aventurera y, inspirada por una receta de Rachel Khoo cogí un poco de compota de manzana que había hecho, la puse en el fondo del plato, las patatas por encima y la morcilla desmigajada sobre todo ello. El plato de toda la vida triunfó, como no puede ser de otra forma, porque no hay nada que le vaya mejor a la morcilla que la suavidad de la yema del huevo…ya me estoy poniendo mala solo de pensarlo. Pero también triunfó el plato aventurero: la manzana contrasta muy bien con la morcilla, las patatas no hace falta que le diga a nadie que son lo mejor que hay y la morcilla…lo dicho, otro triunfo.

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Aquí no pongo receta porque lo único que hay que hacer es meter al horno a 180-200ºC dos bandejas: una con patatas cortadas en dados, un poco de aceite y algún diente de ajo entero entre 45 mins y una hora dependiendo de lo fuerte que esté el horno y el tamaño de las patatas y la morcilla unos 20 mins habiéndola pinchado antes con un tenedor para que no explote. ¿La compota? no es más que manzana cortada en rodajas finas con un poco de azúcar pasada por el microondas hasta que quede blandita: unos 3-4 mins.

ensalada de morcilla

Hasta aquí la morcilla de Burgos, pero es que el mundo no se acaba en Burgos. Habiendo quedado representado un lado de la familia, no podemos olvidarnos del otro: el de Rober, ósea, papá, aunque yo no le llame así. Rober es de León y, aunque de pequeña la morcilla de León siempre me pareció un poco asquerosa (lo siento Rober, pero tasan mari macho no era), el día que comí lasaña de morcilla en Paulino, también llamado el “Zalacaín de los pobres” aquello fue como morir y aparecer en el cielo. Cual fue mi sorpresa cuando al salir de allí Rober (bueno, probablemente fuese mi madre porque Rober de estas cosas se entera menos, pero dejémoslo en Rober que la historia queda mejor) me dijo que eso que tanto me había gustado era lasaña de morcilla de León, no de Burgos. Yo también soy un poco tonta porque ahí no había ni un gramo de arroz, pero estaba tan ensimismada con esa obra de arte que ni me fijé en el tipo de morcilla.

lasaña morcillaaa

En serio, si no habéis ido a Paulino tenéis que ir, y si no podéis ir, tenéis que probar esta lasaña de morcilla. Es de los mejores platos que he comido en mi vida: sabroso pero a la vez con el punto justo de suavidad de la pasta y la bechamel (no demasiada que no soy muy fan), y por ahí entre lámina y lámina de pasta, la mezcla con morcilla de cebolla…¡para morirse! De hecho Paulino editó un libro en el que incluía alguna de sus mejores recetas y gracias a eso encontré yo en internet esta joya de la corona: ¡hacedla hacedla hacedla!

lasaña lado

receta lasaña

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