“Teanner”

por memyselfandmykitchen

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Mi querida Elena el miércoles tuvo uno de esos momentos de lucidez ocasional que la caracterizan. Inventó una palabra. Que digo una palabra, ¡inventó un concepto!. En este mundo del guarismo efímero el brunch, que se inventó (creo yo porque no estoy como para ponerme a mirar la wikipedia) hace menos de una década, parece ser que ya está “out”. Pues nada, que sepáis que se acabó la “era brunch” para dar paso a la “era teanner”. Puede que todavía no lo sepáis, puede que alguien en australia también haya llamado a la mezcla entre “tea” y “dinner” “teanner”, pero cuando el miércoles a Elenita se le ocurrió decir que porqué no hacíamos “Teanner” & James Bond ayer me entraron unas ganas irrefrenables de irme al registro de la propiedad industrial a conseguir la marca.

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Nosotras, fieles amantes de la merienda-cena de toda la vida, nosotras que comemos cada dos horas y que en la merienda-cena encontrábamos la mejor excusa para hacer un re-desayuno, es decir, picotear de todo lo que te gusta a cualquier hora de la tarde hemos encontrado el santo grial. Como merendar se puede merendar desde las 4 de la tarde (oye, a veces comes pronto y para esa hora ya hay hambre) y cenar se puede hasta las 12, pues ale, ya tienes margen de 4 a 12 para “teannear”.

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Ayer “teannereamos” en formato picnic con techo, es decir, en el suelo, pero en casa. Si, suena un poco cutre, pero ya no hace como para lanzarse al retiro, ni por la temperatura ni por la luz. Cuando llegaron Marta y Marina debieron pensar que se me ha pirado la pinza un poquito más de lo normal porque saqué una tela que usábamos para poner sobre un sofá y al suelo que se fue. Luego me dediqué a cubrirla con moñudas varias: que si unas velitas, unas granadas…hasta monté una mini estantería a base de una caja de vino que recogí un día delante de una tienda de vinos. De las que dejan al lado de la basura, si.

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Lo mejor es que “teanner” se soluciona con una visita al mercado y poco más: un poco de pan, un par de quesos, paletilla de la buena (sabrosa y más barata que el jamón), un poco de mortadela que hacía tiempo que no tomaba y una ensaladita de tomate con aceite y orégano. Aquí tengo que hacer un inciso. A ver Ana, que si, que ponerlo todo en tablas de madera queda muy mono, pero los platos se inventaron por algo. Poner la ensalada en la tabla no fue mi mejor idea: me tiré toda la tarde pendiente del reguerillo de aceite que amenazaba con manchar la tela del sofá….lo peor es que si lo vuelvo a hacer ¡lo vuelvo a poner en la tabla fijo!

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En cuanto al dulce: un par de mermeladas para el pan (y el queso) y un bizcocho que es un cruce entre bizcocho y pudding. Como ahora estoy en racha con las ciruelas, en cuanto vi este bizcocho en este blog supe que tenía que hacerlo. Aviso a navegantes: si usáis un molde de 22x22cm o así y echáis más ciruelas de las que vienen en la receta, preparaos para hacer el trasvase con la masa sobre el papel de hornear a un molde de tamaño industrial.

El bizcocho es el típico dulce inglés: gracias a todo el azúcar en sus distintos formatos que lleva, la casa huele a gloria mientras lo cocinas. El resultado es un bizcocho muy jugoso y, sorprendentemente ligero con sabor a otoño-invierno, con ese toque especial que le da la canela y el “golden syrup”. Y si en medio de esa masa de cosas buenas te encuentras un trozo de ciruela suavecita…mmmm.

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Sólo hay que ver el rastro rosa tan bonito que dejan las ciruelas en el papel de hornear.

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Os dejo la versión de Mumford and Sons de un clásico de Simon and Garfunkel. Podría pasarme la vida escuchándola….

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