Me, Myself & My Kitchen

Mes: octubre, 2012

Un sábado caprichoso y en busca del tupper perdido

A veces soy el colmo de la estupidez personificado. Toda la vida me ha gustado lo complicado y difícil por eso: por ser complicado y difícil. ¿porqué elegí la carrera que elegí? ¿Por un amor desmesurado a los aviones y a todo bicho volador? Pues sinceramente creo que no, sinceramente creo que porque me habían dicho que era lo más difícil.

La cuestión es que llevo varios días embarcada en una misión imposible que me da la sensación de que me hace parecer retrasada mental delante de todos los dependientes de las decenas de tiendas de Madrid que he visitado en mi particular “búsqueda del tupper perdido”. Resulta que como soy boba, he olvidado que un tupper es un recipiente de plástico medio hermético (nunca lo es) en el que metes comida para el transporte. Conclusión: ES FEO. Pues nada, yo me empeño en buscar un tupper bonito. Lo peor es que tienda en la que entro, tienda en la que pregunto por la sección de tuppers y de una extraña manera enseguida me encuentro contándole mi vida al pobre dependiente que me acaba mirando con cara de “esta chica de dónde habrá salido”.

El problema es que además de boba me encantan las cosas bonitas y que tengo comprobado que si no veo algo no lo quiero pero si lo veo, pues si. Así que si te recorres medio Madrid una mañana de sábado “en busca del tupper perdido” (que jodía la que lo perdió porque no hay gitano que lo encuentre), te topas con otras cosas bonitas (lógico y normal Ana, todos sabíamos que había vida más allá del tupper).

Como estoy la mar de entregada al punto (el simple que no sé ni como se llama, más allá todavía no llego), esta mañana pensé en acercarme a Black Oveja, una tiendecita que me encontré con Elena por casualidad el año pasado cuando la estaban montando, y de la que Bea habla maravillas. La verdad es que es increíble lo que han conseguido en un año: de no tener nada, a tener la tienda-casa de lanas referencia en todo Madrid. Y la verdad es que entras y es como si se parase el tiempo, se te olvidase que lo que te gusta es cocinar y solo quisieses tejer, coser, hacer punto y bordar. El pobre chico que me ha atendido se ha debido pensar que estaba loca o que le acosaba porque no paraba de decirle que qué preciosidad de lanas, que les había visto en facebook, que qué tienda más bonita, que qué tarjetas más bonitas….

     

Si hacemos fast forward dos horas resulta que también he pasado por Federica & Co y llego a casa sin haberme gastado más de 20 euros, pero lo coloco todo bien, le hago una foto y  me siento cual Alicia en el País de las Maravillas celebrando mi “no cumpleaños”. Y es que hay veces que lo mejor son los regalos que nos hacemos a nosotros mismos una mañana que te despiertas y no vas buscando nada en concreto, pero que acabas encontrando cosillas. Todo el mundo se merece un capricho de vez en cuando. Por eso tengo que controlarme para no meterme en Amazon uk y acabar con las existencias de libros de cocina. Ya tengo alguno que otro en mente, pero eso habrá que dejarlo para otro sábado.

Para que veáis que esto del punto no es algo pasajero (ya me ha durado más de una semana): os dejo fotos de mi caja de labores y de la bufanda-cuello (a ver qué sale…) que empecé esta semana en el ave y en el viaje de trabajo que tuve a Sevilla. ¿El truco? Comprar la lana y las agujas más gordas del mundo porque si no ¡te eternizas! y organizarlo todo en una caja a tu alcance a cualquier hora: ¡nada de armarios!.

Y para un sábado como este, mientras haces punto, o, simplemente para merendar o acompañar el café, ¿qué mejor que un bizcocho?. Tengo que confesar que este bizcocho lo hice en verano en época de cerezas pero la receta original llevaba frambuesas, así que se puede adaptar a cualquier época del año y a la fruta que quieras.

La combinación del limón y el aceite de oliva me encantó: queda un bizcocho muy fino, esponjoso y sabroso, un bizcocho casi diría yo que sofisticado (si yo dijese esas cosas…). En este caso, en lugar de usar el método típico de los bizcochos ingleses de empezar batiendo la mantequilla y el azúcar para luego echar los huevos y demás, empiezas batiendo los huevos con el azúcar hasta que la mezcla doble su volumen y quede casi como un merengue. He visto que los bizcochos que llevan aceite de oliva se suelen hacer así y la verdad es que si con unos minutos de batidora consigues esa consistencia en el bizcocho…¡bendito el inventor del método!. Además al llevar más ralladura de limón que zumo el sabor a limón es sutil y casa a las mil maravillas con el aceite y las frutas. El bizcocho lo descubrí en este blog y la receta es de Floriole Bakery. No os metáis en la página web de esta cafetería-pastelería con hambre porque viendo las cosas que hacen no vas a saber si arrasar con la nevera o cogerte un billete a Chicago para probarlo todo todo todo y me temo que, con lo baratitos que están los billetes de avión, optes por la primera opción…

Por cierto, ya os contaré el porque de la búsqueda del tupper, que rara soy pero loca loca todavía no estoy.

“Autumn is coming” y un capricho

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La verdad es que no, el otoño no está llegando, más bien está aquí, pero mi alma friki ha tenido que salir a la superficie en forma de oda a una de las frases más conocidas de los libros de George RR Martin “winter is coming”. Como el invierno todavía si que no está llegando pero de algún sitio hay que tirar, he metido otoño y ¡tan ricamente!.

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Como dije en la primera entrada, de pequeña otoño era la estación que menos me gustaba: acababan las vacaciones, empezaba a hacer frio, los pesados de los fascículos en los quioscos…pero ahora me encanta. Este año lo he cogido con ganas y ya tenía quería ponerme medias, jerseys y cazadoras. Además hasta hace nada entrabas en las tiendas y si, habría jerseys de lana monísimos, pero ¿quién en su sano juicio se los iba a poner con los 30 graditos que teníamos fuera?. Puede que haya gente para la que estrenar algo no sea la experiencia religiosa que es para mí, pero yo si me lo compro hoy me lo quiero poner mañana. Así que Amancio, tranquilo, sé que te he tenido unas cuantas semanas abandonado, pero el sábado pasado después de ir al jardín más bonito del mundo ya te hice una visita y el otro día con Bea aunque estábamos por la zona de Sol por otros menesteres que ya os contaré, te vimos, reencarnado en tu mejor creación, ósea Zara, y no pudimos resistirnos. En teoría íbamos buscando un abrigo que le había gustado a Bea, pero no sé si es algo que solo me pasa a mi o si os pasa al resto: siempre que voy a buscar algo para otra persona eso se me resiste y ¡no hago más que ver cosas para mi!. Es como si se alineasen todos los astros. Encuentras la cazadora que Elena, experta en el mundo Amancio donde las haya, te ha dicho que está agotadísima, encuentras zapatos en los que, a pesar de ser una 41, puedes meter tu hermosura de pie, las tan preciadas camisetas blancas sencillas, sin más, que todas buscamos y nunca encontramos. Es que hasta estando parada de pie hablando un momento, te giras en el momento justo para ver en un burro medio escondido la camisa de cuadros que viste en el lookbook tiempo atrás y que inmediatamente pensaste ¡me lo pido!. Conclusión: que tú no ibas a comprar nada, pero sales con dos bolsas porque todo en una no cabe. Pero digo yo…si llega el otoño, habrá que estar preparada para recibirlo o en condiciones, ¿no?

Como he dicho antes, la semana pasada estuve en un jardin, más bien en EL jardín. Aluciné, flipé, me quedé de piedra.

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¿Cómo es posible que haya semejante preciosidad a menos de 20km del centro de Madrid? y ¿cómo es posible que yo no tuviese ni idea?. Pues para empezar porque soy un poco cateta y bastante unidireccional: con esto de dedicarle tanto tiempo a todo lo relacionado con la cocina, ya se pueden hundir barcos por ahí y salir en todas las noticias, que yo no me entero. Mi madre de hecho me echa la bronca porque dice que no puedo andar por el mundo sin saber lo que pasa, y la mujer tiene razón pero mamá, ¡me faltan horas al día para todo!. Para seguir parece que el fenómeno conocer poco tu ciudad nos pasa a todos. Te vas a Paris y te estudias todas las calles, los museos, los monumentos y en tu propia ciudad…visitas El Prado cuando vienen amigos de fuera, el Reina Sofía, pero hay infinidad de sitios bonitos que no es que no hayas visitado ¡es que no sabes que existen!. Todos menos mi madre, que como sale con otras marujas (lo digo con cariño) a “conocer Madrid” una vez a la semana, la tía parece una enciclopedia. No ha exposición, iglesia, museo al que no haya ido. Mamá, ¡eres una mecenas de la cultura! (con una hija un poco paleta, dicho sea de paso). Pues eso, que con lo caro que está el cine y lo malas que son la mayoría de las películas, estás haciendo el tonto si no te vas a Alameda de Osuna a ver este jardín. Yo de hecho pienso ir en todas las estaciones porque seguro que hay distintas plantas en floración.

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Si es que ves algunas fotos y ¡parece la jungla!

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Volviendo, o más bien empezando con el tema cocina, que es de lo que debería hablar, el otoño es temporada de setas, de manzanas y de algo calentito. Por eso me estreno en el flamante mundo de los risottos con uno que no debe ser del todo estándar, ya que está sacado del libro “30 minute meals” de Jamie. Seguro que hay risottos de chefs italianos famosos buenos buenísimos, pero desde que vi a jamie darle vueltas al arroz meloso con las setas, el parmesano derritiéndose y las setas crujientes por encima…se me hace la boca agua solo de pensarlo. Encima ¡es fácil!. El risotto que siempre me ha parecido plato de restaurante, lo puedes hacer en casa y quedar como una reina. Eso si, no creo que yo fuese capaz de hacer el risotto, un primero y un postre como hace Jamie. Será la poca costumbre…

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¿Y de postre? Pues de postre uno de los preferidos y más practicados por mi madre, pero con un “twist”: Manzanas asadas. En este mundo de hamburguesas y coulants en el que todos los restaurantes ponen los mismos platos, da gusto volver a lo más simple: la fruta asada.

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La fruta asada es la gran olvidada de la mayoría de los restaurantes. Yo últimamente solo le veo ventajas: no engorda mucho (al fin y al cabo es fruta), consigues que una piedra que compras en el supermercado se convierta en una exquisitez y yo le veo un rollo vintage, sofisticado muy guay. Es como un postre adulto. Por eso, dejémonos de bizcochos de postre, esos son para la merienda y aprovechemos las manzanas reineta, las ciruelas y el horno que, tras el verano, ya empieza a dar gusto encender. Creo que se me ha olvidado decir que hasta el hijo tonto de Paquirrín podría hacer manzanas asadas, así que ¡no hay excusa!. Eso si, comprad manzanas reinetas para que tengan ese equilibrio justo de dulzor del azúcar que se carameliza y la acidez propia de la fruta….A este paso se me bloquea el ordenador de lo que debo estar babeando escribiendo esto.

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Dar receta para fruta asada parece hasta ridículo: en un horno medio-caliente: unos 160-180ºC mete la fruta, con algo de azúcar en el caso de las ciruelas y algo de canela (a gusto). En el caso de las manzanas corta la parte de arriba para hacer un hueco de forma cónica, pon un dado de mantequilla en el hueco, azúcar (blanco/moreno), canela si quieres, frutos secos si quieres, pasas si quieres. ¿El tiempo de horneado? Depende del tamaño de la fruta: las ciruelas en menos de media hora están, las manzanas en unos 45 minutos, pero eso se ve: cuando la fruta esté blanda y los extremos de la piel de la manzana crujientes, están hechas.

Aprovechando que empieza a hacer frio voy a coger una madeja de lana que compré el año pasado y que nunca llegó a convertirse en nada, veré algún episodio de “The Newsroom” y encenderé el horno para hacer algún bizcocho/tarta que he visto por ahí de ciruelas que es una fruta que he redescubierto desde que hice el bizcocho de chocolate almendras y ciruelas de la semana pasada y las ciruelas asadas de esta entrada.

Tres Ideas

¿Qué hace que quieras entrar en una tienda y no en otra? Para mí es la historia que cuentan o que esconden. Dicho así suena muy cursi, pero en el fondo a lo que me refiero es que si vas a la carnicería quiero que el carnicero esté contento de ser carnicero y se pueda tirar 20 minutos convenciéndote de porque tienes que coger una pieza de carne y no  otra. No que te mire con cara de venga niña, elige algo ya que son las 7 de la tarde y me quiero ir a mi casa. Me refiero a que da gusto entrar en un sitio especial, un sitio que ha nacido de la ilusión de alguien, que tiene una historia y una temática detrás.

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Elena es una experta buscadora de “ideas”. Es rara la semana que no me sorprende con un email que cuenta la historia de como un par de hermanas, por ejemplo, economistas, dejaron su trabajo del día a día para abrir, digamos, una tienda de jabones y ahora se dedican a lo que les gusta. Por eso los sábados por la mañana me encanta salir a ver a donde me lleva. Además mi conciencia no para de repetir que aunque no vaya al gimnasio y coma un paquete de marielu al día porque la comida del comedor del trabajo está malísima, las caminatas que me pego siguiendo los pasos acelerados de Elena son como el mejor “step” del mundo.

Estos tres sitios de los que voy a hablar hoy ni los abrieron ayer, ni pretendo descubrirle América a nadie. Probablemente la mayoría ya los hayáis visto/visitado/hayáis oído hablar de ellos, pero como me estoy aficionando al tema de las listas, allá van: tres “ideas” que podríamos llamar tiendas gourmet. Son completamente distintos y no hay uno que me guste más que otro porque no son comparables, cada uno tiene su encanto.

1. Petra y Mora

Esta tienda es la hija bastarda de la papelería más mona del mundo y el mercado más mono del mundo.  ¿El resultado? Un local pequeño en la calle Ayala que te llama a que entres desde que, calle arriba o abajo ves un cartelito que tienen fuera anunciando las ofertas del día (al fin y al cabo somos españoles, ¡qué nos gusta una oferta!) y que, cuando te asomas y ves las flores a la izquierda, los moldes de nordicware a la derecha, las estanterías con libros preciosísimos de la editorial phaidon (los quiero todos) y la forma de empaquetarlo todo, ya no te está llamando, te está implorando a gritos que entres.

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Entra entra, aunque no compres nada entra y alucina con cómo un caldo de verduras bien embotellado y con una etiqueta chulísima puede convertirse en un objeto de deseo. Desde que entré estoy deseando tener un cumpleaños: ni zara ni leches, sea gourmet o no  él/la cumpleañero/a, me MUERO por hacerle un “pack gourmet”. Aunque si tengo que decidirme por algo (sin haber comprado nada todavía) me tengo que decantar por el fondo de papel de flores en la nevera que tiene la carne al fondo de la tienda. Me parece lo más: ves los filetes de carne, empaquetados uno a uno sobre un fondo de un papel precioso que, si no fuera por lo original de la idea y por no arruinarla, arrancarías para empapelar un cuarto de tu casa.

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Por cierto: para los/las trendsetter: los platos duralex ¡vuelven!. No solo los transparentes que metes al microondas, ¡los marrones feos de casa de tu abuela!. Hay veces que parece que somos tontos: basta que nos pongan algo en un sitio chulo, que nos parece lo más, pero oye, lo feo también tiene derecho y su encanto, así que ¡viva el mundo feuno!

2. La Magdalena de Proust

En una de las calles con más joyas de Madrid, la calle Regueros, entre Pez y Circo, se encuentra un supermercado ecológico y natural que  nos cautivó. Habíamos pasado por delante varias veces y tenía buena pinta, pero este sábado fuimos armadas con la cámara de fotos. ¿Qué encontramos? Encontramos un supermercado dedicado a vender productos naturales, en el que los limones se nota que son limones de verdad: no son perfectos, tienen sus granitos y su color no uniforme que demuestra que no están tratados con 15000 productos químicos. Encontramos estanterías llenas de productos ecológicos como harinas de distintos cereales, leche, huevos. Encontramos una cocina con una pizarra en la que decía que se dan cursos de cocina, un obrador y un mostrador y unas estanterías repletas de panes, bizcochos y pastas que se notaba que se habían hecho allí, y no venían congelados para ser recalentados en un horno en la parte de atrás y engañar al personal. Pero sobre todo encontramos a Laura, una chica que tenía un bebé colgado de una de esas bufandas que se dan vueltas alrededor del torso las embarazadas y que a mí me dan la impresión de que a)la madre va a coger chepa y b) el niño en cualquier momento deja de respirar. Pero no, Laura lo mismo tecleaba en su mac, que iba a la zona de la panadería y cortaba un bizcocho, mientras nos contaba la historia de “la Magdalena de Proust” y cómo esas ganas de volver a lo natural y a lo “bueno que se lleva haciendo toda la vida” les ha impulsado a construir un rincón en el que aprender a comer de forma natural. Nosotras nos llevamos una barra de pan y unas magdalenas y no nos defraudaron: el pan es del que tiene una corteza crujiente y una miga consistente, un pan de verdad, y las magdalenas son una versión un poco actualizada (con semillas de sésamo) de las magdalenas de toda la vida. La barra de pan de hecho sufrió unos cuantos ataques en el camino y llegó a casa como la tercera parte de lo que algún día fue.

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3. El jardín del convento

Nunca las monjas y lo “eclesiástico” me han llamado tanto y han sido tan “fashion”. Si mi abuelo en vez de llevarme a catequesis con una señora que nos daba montones de apuntes para aprender (entre ellos El Credo que nunca llegué a aprender de cabo a rabo y que pongo en mayúsculas por si ofendo a alguien..), me hubiese llevado a un convento con las monjas a hacer magdalenas….¿quién sabe?. Con las de clausura está claro que no tengo nada que hacer, pero si me llegan a tocar unas con un coro como el de sister act, igual hasta me habría planteado seguir los designios del Señor.

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Ahora en serio, esta tienda es una cucada en medio del Madrid más castizo (está en la calle del Cordón, justo cuando sale de la plaza de la villa). En ella puedes encontrar desde magdalenas, mermeladas de ni se sabe las frutas hasta chocolate, todo hecho en distintos conventos de la geografía española y empaquetado, como no podía ser de otra forma, mono monísimo.

Y digo yo, a ver si la gente sigue teniendo ideas, las materializa en locales monos monísimos porque al final está muy bien ver los monumentos de una ciudad, pero esto también te da una idea de la gente que la habita.

Un sábado cualquiera, un descubrimiento y mi juguete preferido

El sábado pasado llegamos a casa, como siempre, con todas las prisas del mundo, la nevera medio vacía y con hambre. ¿Qué hago para comer? La opción de la pasta  la tenemos ya muy trillada, habíamos dejado descongelándose dos tristes filetes de pollo antes de salir de casa y acabábamos de comprar roquefort, patatas y rúcula (entre alguna que otra cosa más para la “cena à la française” del domingo). Podríamos haber hecho los filetes a la plancha tal cual y una ensalada simplona aliñando la rúcula con aceite y vinagre, pero hay veces que con unas pocas ganas consigues que media hora cunda más y te sientes a comer algo más apetecible y menos aburrido que un filete soso con una ensalada muy vista.

Frutería castiza

¿El secreto? mi nuevo juguete favorito: “La Mandolina”. Mi mensaje para el mundo ahora mismo es: déjate de deportivas feas con plataforma de estas que alguien ha dicho que se llevan y ¡comprate una mandolina!. Te aviso, tu vida va a cambiar. Lo que antes era un plato cualquiera se convierte en una obra de arte gracias a la mandolina, que corta frutas y verduras en rodajas cuasi transparentes para que llegues tú, las coloques, o haciendo círculos o en rectángulos, pero siempre ligeramente montadas unas sobre otras ¡et voilà! una simple tarta de manzana se convierte en una obra de arte y con un par de patatas haces una tarta fina de patatas que parece una pizza del restaurante más mono del mundo.

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Gracias a la mandolina el descubrimiento de la semana es la “tarta fina de patatas &co”. Y digo “tarta fina” porque queda mejor que rodajas finas de patatas colocadas en degradé. Y digo “& co” porque a este invento le veo infinitas posibilidades. La receta original es de Rachel Khoo y lleva peras en lugar de manzanas. Yo no tenía peras, así que tocaron manzanas. Además como dijo Elena, como estás acostumbradoa a la combinación peras-roquefort, ni te das cuenta de que son manzanas. Pruebas la tarta y jurarías al mismo demonio que lo que lleva son peras. Hay que ver qué fáciles somos de manipular…

Otro tipo de zapatero...

De Rachel Khoo habrá que hablar otro día, porque lo de esta chica no tiene desperdicio. Yo oigo estas historias de cómo una chica se fue con solo 600 euros en el bolsillo a Paris, de como con eso se pagó el alquiler del piso (en Paris…) y la matrícula a un curso de pastelería de Le Cordon Bleu (…) y alucino. A continuación dió un par de clases de pastelería en una tienda especializada en Paris y decidió montar un restaurante en casa en el que, todos los miércoles (es cuando hay mercado en su “quartier” …) da de cenar a dos personas en su minúsculo apartamento de unos 10 metros cuadrados. Ah y dice que se ha convertido en el restaurante más solicitado de Paris (…); de hecho en la cabecera de su serie de la BBC dice hasta que es más difícil reservar una cena para dos en su piso que en “El Bulli”. A mí contando estas historias se me desgasta la tecla de los puntos suspensivos. O soy muy incrédula o  600 euros me cunden muy poco. Dejémoslo ahí.
Just married
 

Como solo de mi descubrimiento no nos íbamos a alimentar porque ojo, al ser tan finita no llena nada, hice una ensalada vista, pero menos que la de verde aliñada con aceite y vinagre. El postre admito que no lo hice como parte del menú. Todavía no soy Jamie Oliver con lo cual no soy capaz de hacer tres platos con bizcocho incluido en menos de media hora. Lo hice un día de estos para llevar al trabajo a desayunar pero ya me he emocionado y he decidido hacer un “cuaderno-menú”. Además si alguién se llena con la ensalada y la tarta de patatas, siempre puede dejarse el bizcocho para merendar.

Plums

Es un bizcocho que saqué del libro de La Tartine Gourmande que por ahora me está gustando mucho (siempre y cuando encuentres los ingredientes). No digo que sea para todos los gustos pero a mí me encantó: la mezcla del chocolate, las almendras, la canela y las ciruelas…solo de pensarlo ¡me están entrando ganas de hacerlo otra vez!

Bueno, ahí va mi intento de cuaderno de recetas:                                                 PS: aviso a navegantes: haciendo un click se amplian porque si no ya sé que ¡no se ve nada!

 

Retos: Cómo llegar a la dosis diaria recomendada de fruta y verduras

Hoy voy a ser una niña buena. Después de meses y meses publicando recetas de bombas calóricas con su buena dosis de azúcar, mantequilla y chocolate me voy a estregar al “mundo verde”. Me voy a entregar escribiendo, porque luego quiero hacer un bizcocho de chocolate, con ciruelas, eso si, que tengo fichado desde hace tiempo….

No prometo llegar a la dosis diaria recomendada de frutas y verduras con esta entrada. Pero es que la dosis esa se le ha debido ocurrir a algún nutricionista chalado  que se piensa que somos vacas de 500 kilos y que nos pasamos el dia pastando: hierba por aqui hierba por allá. Vamos, es que ni aunque todo lo que me metiese en la boca durante un día fuesen frutas y verduras llegaría al dichoso CDR. Con la grasa, ves, me pasa al revés: me como un twix y tooooma, 300% de la CDR de grasas saturadas cubiertas.  A mí solo se me ocurre una forma de llegar al número de piezas de fruta al dia: a base de uvas, cerezas, y ya si me apuras, guisantes. Así si, así puedes llegarle al señor nutricionista y decirle, orgullosa perdida, que ¡te has comido nada más y nada menos que 30 piezas de fruta y solo son las 3 de la tarde! Allá él si se piensa que lo has hecho a base de manzanas…

Pues eso, que ahí van unos cuantos platitos “apañaos” que, además de llevar verde no tardas nada en hacer.

1. La Ensalada-Tartine Estrella de Jamie Oliver

Desde que le vi hacerla en un programa de los suyos mi vida ha cambiado radicalmente. La hago una o varias veces por semana. Además tiene dos formatos:

1. a) “Me veo gorda”: esos días haces el formato ensalada. Ojo, en mi caso es formato ensalada acompañada de la misma barra de pan que utilizaría en caso de hacerla en plan tostada… ¡viva el auto engaño!

1.b) “Necesito carbohidratos/Me da igual todo”: entrégate a la gula y monta la ensalada sobre una barra de pan tostado crujientito….mmm

Vais a pensar que estoy tonta porque la ensaladita no tiene ningún misterio, pero os lo juro ¡hacedla!. Solo hay que mezclar unos chiles con aceite, sal y un poco de vinagre de módena en un cuenco para hacer la vinagreta, “despedazar” la mozzarella sobre las hojas que hayas elejido, añadir un poco de ralladura de limón si te gusta, sal y pimienta y regarlo todo con la vinagreta.

2. Higos a la plancha conjamón Ibérico

El jamón va en mayúsculas ¡que se lo merece!. Esta opción light lo que viene siendo light.. no debe ser, pero están taaaan buenos… Además los higos ya pueden ser la fruta que más engorda del mundo pero, que yo sepa, siguen siendo fruta. Y el Jamón es patrimonio nacional, así que si todavía queda algún higo en alguna frutería, ¡a probar!.

3. Ensalada de rúcula, calabaza y parmesano…

…alias Ana llega a casa un día y esos tres ingredientes son lo único que hay en la nevera (no miento: LO ÚNICO). ¿Se puede decir que utilicé la imaginación para hacer una ensalada sin seguir ninguna receta? pues más bien no – junté lo que tenía y salió bien, así que si no seguir directamente una receta es crear una receta ¡ale! ¡soy inventora!

PS: a ver si me organizo un poco porque la mayoría de los blogs de cocina son el calendario de las estaciones: que empieza a haber calabaza, plato de calabaza; que empieza a haber ruibarbo, toma ruibarbo. Yo, en cambio, publico higos con jamón cuando no quedan higos en ningún sitio y tengo fotos de un “eton mess” de ruibarbo que me pareció de los postres más ricos y de las fotos más bonitas que he hecho muerto del asco en una carpeta del ordenador…

Listas: Me lo pido…

Cada día tengo más cuento. La ocurrencia de hoy ha sido la siguiente: se acerca mi segundo cumple blog. Cumple blog si contamos desde la fecha de concepción del anterior. ¿Porqué cuento desde entonces y no desde la creación de este? Pues por si cuela, porque pilla mucho más cerca y ¡porque me viene mucho mejor!

Es broma, no soy ni tan pesada ni tan pedigüeña, pero Elena me ha introducido al mundo de las listas (publicadas en internet; de la compra ya hacía yo antes, como todo hijo de vecino). Una de las listas que más me gusta es la de las cosas que quieres. Puede ser más o menos realista. Yo quiero una casa en la provenza, una cocina con isla y como toda buena “Miss” de concurso de belleza norteamericano la paz en el mundo, pero si con cosas más accesibles ya te sale una lista interminable… por algún sitio habrá que empezar.

Por cierto el orden es aleatorio, no tiene nada que ver con las prioridades. Eso sería cómo hacer a un padre elegir entre sus hijos…

1. Una cazuela de hierro fundido, en lenguaje fino una “cocotte”  porque los guisos no saben igual, porque todo se ve mejor en una cazuela con un interior blanco y porque, como mi kitchen aid, son casi un objeto de decoración. Pero ojo, las rojas, naranjas y demás…¡no!.

2. Un anillo de los que venden estas dos hermanas gallegas. Uno por empezar en algún sitio porque con lo finitos que son ¡lo suyo es acumularlos!

P.S: al meterme en la página web ya he visto que son más caros que el año pasado cuando se lo regalé a Elena… así que señoras, ¡ponganse a ello no sea que el año que viene estén más caros todavía! Y señores: ¡regálenlos a sus señoras!..o pónganselos si les va ese rollo….

3. Para poder sentirme como una verdadera francesa y preparar festines con ese “je ne sais quoi” del que tanto alardean, porque me encanta el fondo con la flor de lis y porque creo que este libro no puede faltar en ninguna cocina a pesar de que sea un libro de cocina francesa escrito por una americana.

4. Algún dia…una preciosidad de las que hace este hombre y que fotografía esta chica. Me da igual: un cake stand, un bol, una tabla para los quesos….

5. Un delantal precioso que me va a hacer Bea.

6. Una bici para superar el miedo que tengo desde cierto pequeño accidente que tuve de pequeña y para poder comer dulce sin que se resientan las pantorrillas.

7. Aprender de Federica y Merche haciendo uno de sus cursos.

8. Un huerto urbano/jardín de hierbas como éste que me regalo mi hermana. Si ya lo tengo ¿porqué quiero otro?. Porque lo que me falta es a constancia para mantenerlo y hace tiempo que pasó a mejor (o peor) vida…

9. Como en otra época no puedo vivir, haciendo bizcochos en algún molde de estos puedo sentirme un poco más Elizabeth Bennet…

10. Ir a un concierto de Mumford & Sons, Laura Marling, Patty Griffin…

11. Botes llenos de flores frescas los sábados por las mañanas.

12. Que alguien invente una máquina que hiciese zumo de naranja sola en menos de un minuto a un precio asequible y que no ocupase media cocina.

Acabo de darme cuenta de que un pequeño deseo ya se me ha concedido: ¡Mumford & Sons ha sacado nuevo disco!

Ahora solo me queda esperar que George R R Martin no tarde mucho en escribir su nuevo libro para poder ponerlo en mi lista de “me lo pido”.

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