Me, Myself & My Kitchen

Mes: septiembre, 2012

Home made: Mermelada Casera de Moras, Capítulo II: La Receta

Como lo prometido es deuda, y lo lleva siendo una semana, ahí va la receta de la mermelada. Esto de que yo de una receta de mermelada es un poco irónico cuando la hice de la forma más aleatoria que hay. Me puse a mirar por internet y comprobé que hay infinidad de posibilidades: que si machacar la fruta, que si no machacarla, que si llenar mucho los botes de mermelada, que si dejar un huequecito arriba, que si alcanzar 104ºC antes de retirar la mermelada del fuego….

A la conclusión que llegué es que esto debe ser como la morcilla: tu entiendes por morcilla la del pueblo de tu abuela, que no es la misma que la del pueblo de al lado, la provincia de al lado, y no digamos de otra comunidad. Por eso con tener unos pasos básicos, creo que lo mejor es que cada uno lo haga un poco a su gusto. Si tienes termómetro como yo y te quedas más agusto siguiendo unas instrucciones claras, cocínala a fuego medio durante unos 15 minutos y sube el fuego hasta que alcances los 104º famosos. Eso si, la hagas como la hagas, remueve para que no se te pegue el invento al fondo de la cazuela.

Además hay que tener en cuenta que cuanto más prácticos seamos, ¡mejor!. Al principio te hace gracia todo el rollo de esterilizar los botes, te hace sentirte más profesional, como que estás haciendo algo especial…pero cuando te das cuenta de que en tu cazuela caben exactamente 4 botes de una vez, y eso tras hacer malabares, como que la cosa empieza a ser menos graciosa. Una hora después, que es lo que has tardado en eliminar los gérmenes de todos los botes que te quedan cual biberones impolutos, ves que en esto de las mermeladas hay dos vertientes a la hora de conseguir el tan preciado “vacío”:

a) La doble cocción: si si, no tienen bastante con hacer la mermelada, luego vuelven a meter al baño maría los botes llenos de mermelada para conseguir el vacío. Empiezas a hacer cuentas y teniendo en cuenta la capacidad de tu cazuela ves que este método te llevaría unas cuatro horas más…conclusión: SE DESCARTA

b) Los botes boca abajo: ¿Cómo? ¿Que la alternativa a lo de arriba es llenar los botes, cerrarlos y ponerlos boca abajo?. Entonces, te preguntas tú ¿qué clase de idiota hace la de arriba?. Digo yo que si quieres que la mermelada te dure 3 años puede que sea más eficaz, pero si te dura 3 años es que te ha salido mala de narices, así que…conclusión: ELEGIMOS ESTA OPCIÓN.

Para acabar no te olvides de la tela de cuadros, flores o lo que se te ocurra y el lacito.

Ah y ¿casi se me olvida! Nunca viene mal una canción para acompañar.

Home made: Mermelada Casera de Moras, Capítulo I: “La Recolecta”

Como ya os dije la semana pasada, me voy a organizar y para ello ¿qué mejor que hacer secciones? ¡Pues nada!. Hoy toca inaugurar sección y le ha tocado el turno a la sección del “diy”. Si, está muy visto y no, no soy la primera que lo hace, pero ¿y el subidón que te da hacer tú sola una estantería a base de cajas que encuentras tiradas en la calle?. Eso no te lo quita nadie, así que me uno a la horda de blogueras que se apuntan al rollo “diy” que, en términos cocinillas parece que adopta el apellido de “home made”.

Para empezar, habrá que hacer la lista de los requisitos/habilidades que tiene que dominar todo “diy-ero wannabe” y las etapas que componen cualquier proyecto “diy”:

1. Vandalismo/Diógenes:

Eso de hacerlo todo tú y no comprar nada está muy bien, pero si no compras nada, de algún sitio lo tendrás que coger, ¿o no?. Por eso todo experto diy-ero empieza sus proyectos en la calle: tienes que ser una mezcla entre winona ryder y el viejo con síndrome de diógenes que sale en callejeros: que ves una caja de madera en una acera: la coges, sin dudar ni tomar medidas ni medias tintas similares; que ves una mesita pequeña en un contenedor, la coges. Te empiezas a hacer amigo/a de los dependientes de las tiendas (para pedirles que te reserven lo que tiran) o hasta del basurero. Yo he llegado a parar al camión de la basura para que no se llevase una tabla verde que habían desechado en una tienda. Pero cuidado, “diy-ero wannabe”, te aviso, el resto del mundo te va a ver como un bicho raro, friki pesado.

2. Desinfección:

Esta etapa yo en concreto todavía no la controlo, pero si lo piensas, ese palé que has cogido de la calle puede tener más bichos que un niño piojos. Y tú lo estás metiendo en casa tan tranquilo/a. Si eres como yo hasta lo estás usando de fondo de fotos de comida..¡no te digo más!

3. Frikismo/adicción a pinterest &co

Esta etapa realmente debería ser la primera Hay que ser un verdadero obseso del diy si coges cosas de la calle sin saber para qué. Normalmente la gente se inspira primero y luego busca las herramientas…Esta etapa creo que la dominamos todos: ún blog te lleva a otro, empiezas pensando en cómo hacer una mesa y acabas viendo videos de cómo construirte una cabaña en medio de la estepa rusa…. Aquí la clave es saber dónde parar y ser realista: Ni tienes sierra mecánica, ni una parcelita en la estepa rusa, así que empieza por lo básico.

4. Ejecución

Esta cuarta y última etapa es la más dura de todas. Aquí es dónde te empiezas a dar cuenta de que la tabla y los dos palos que cogiste de un contenedor nunca llegarán a ser la mesa mona bonísima que viste en un blog o en pinterest. También empiezas a ver que, aunque los materiales a priori son gratis gracias a la etapa 1, tu presupuesto en objetos de ferretería asciende a la friolera del PIB de muchos países subdesarrollados y que en los pisos en Madrid no suele haber un garaje en el cual pintar, lijar y cortar dos palés.

mano

De todas formas, y aunque la última etapa siempre sea algo decepcionante, un verdadero “diy-ero” nunca se achanta: aunque el último proyecto haya sido un fracaso, siempre andará buscando cajas, tablas, barras y telas por la calle. ¿porque? Porque es creativo, porque no puede estar sentado en el sofá viendo sálvame y porque, no teniendo en cuenta el presupuesto ferretero se dice a si mismo/a: “total, si no sale bien, me ha costado CERO euros”. Pobre iluso….pero ¿qué sería la vida sin un par de sueños irrealizables?

vaca mora

En el mundo cocinillas la palabra “diy” del mundo bricolaje se convierte en “home made”. A mí en concreto si “diy” me gusta, es oir home made y ya estoy salivando. Además es que me da igual: sea lo que sea si me dices que es “home made” me gusta: pan home made – me apunto, mantequilla home made, me apunto, paté de caracoles…aquí ya creo que depende de en qué home esté made…`

Ahora, tonterías aparte, eso de hacer tú algo que normalmente compras en el súper tiene su atractivo. Es como volver años atrás por un lado, y por otro está el hecho de intentar reproducir un sabor que conoces, y que te gusta. Si además de todo eso lo metes en un tarro, lo decoras con una trocito de tela y una etiqueta y llenas la despensa… ¡ya es lo más!. Ya puede venir un huracán, que tú con tus 15 botes de mermelada de higos te alimentas.

recolecta

Por eso, cuando una mañana de esas de agosto que resultan ser poco fructíferas para el trabajo, pero bastante para darle vueltas a la cabeza, mi amiga B (uno de los descubrimientos del 2012) me dijo que su marido, al cual ella llama “husband” se había ido al campo a por moras para hacer mermelada y que le salía buenísima ya desconecté del todo. Mi mente se salió de mi cuerpo y dejé de estar en un cubículo en un polígono industrial de getafe para estar entre zarza y zarza en la sierra de Madrid cogiendo moras con un vestido de flores y una cesta mona monísima. Solo me faltaba la banda sonora…She & Him, The Civil Wars, Angus and Julia Stone…cualquiera me habría valido.

Cuando volví de los mundos del yuppie me fui al sitio de B y hasta que no quedamos en un día para subir a por moras no me quedé tranquila. Es que a ver, por un lado está mi lado cursi iluso que sueña despierta en el trabajo, pero por otro está el lado práctico: o cojo moras gratis del campo, o a 4 euros la tarrina de 250gr de moras como que ¡la mermelada la hace Rita!
cardo
El viernes siguiente salimos a las tres del trabajo rumbo a las tan ansiadas zarzas de la sierra de Madrid cuya situación exacta es un secreto que prometí no revelar nunca. De camino B y yo pasamos a por P (mi hermana es Elena también así que de alguna forma las tengo que diferenciar) y comprobé que no soy la única friki-motivada del lugar. P apareció vestida para la ocasión con un vestido de cuadros blanco y negro y B nos llevó a su casa a por unas cestas y unos trapos para hacer una recolecta campestre en condiciones. Como hoy estoy de listas, ahí va otra:

Cómo hacer una recolecta de moras a lo bloguera campestre ideal de la muerte:

1. Deja el pantalón claro en casa

Yo fui todo feliz con mi pantaloncito clarito y volví con manchas, enganchones…y encima ¡no pega!. Lo del vestidito de la pradera parece una coñá, pero encaja en el “look” y encima vas más cómoda.

2. Equípate bien

Olvídate de las bolsas del carrefour. Si quieres completar el look del vestidito, tendrás que llevar cestas de alambre/mimbre/capazos, etc. Y no me refiero solo a cuando hagas fotos de la recolecta: lo haces porque te cuesta lo mismo que sacar la bolsa del carrefour pero es mucho más mono y oye, para algo tendrás que usar todas las chuminadas que has ido comprando en anticuarios, rastrillos y demás que tienes tiradas por casa. Si las moras que te imaginabas del tamaño de un puño resultan ser del tamaño de la cabeza de un alfiler, le pones una servilleta (trapo no que luego no hay gitano que quite las manchas de las moras) al fondo de la cesta y listo pero ¡no recurres a la bolsa del carrefour!

3. Documéntalo

En el mundo de hoy en día si no hay fotos que certifiquen que has estado en la sierra, para el mundo NO has estado. Así que en el pack de las cestas incluye la cámara de fotos. Si encima encuentras vacas/ovejas/cualquier otro bicho que le de un aire más auténtico a las fotos, asegúrate de hacerles reportaje fotográfico.

4. La madre naturaleza ofrece…tu coges

Lo mismo que las moras son gratis, las flores silvestres también lo son y encima te duran semanas y semanas en casa, así que ¡aprovecha!

moras pie

Si sigues estos cuatro pasos conseguirás una recolecta campestre y, lo que es mejor, te reirás un rato de lo ridícula que eres y de lo motivada que hay que ser para montar semejante embolado para hacer una simple mermelada (totalmente orgánica, por supuesto).

Próximamente: Mermelada Casera de Moras, Capítulo II: “La receta”.

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Oh September!

De pequeña septiembre no me gustaba nada: significaba que se acababa el verano, la vuelta al cole, el uniforme, los madrugones…y lo peor es que los salados de El Corte Inglés y compañía se tiraban TODO agosto recordándotelo: no queda nada para la vuelta al cole. ¡Qué te calles! ¡que en el mundo niño un mes es una eternidad!. En el “mundo niño”, el 1 de agosto tienes la impresión de que te quedan siglos para el 6 de septiembre, pero los pesados éstos se empeñaban en amargarte lo que quedaba de disfrute. A veces ibas en el coche y no podías ni mirar por la ventana porque era acercarte a una gran superficie y ¡toma! fotos de libros, pizarras y tizas.

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Ahora, de mayor, septiembre tiene sus cosas buenas. Un momento. Vamos a puntualizar: lo de mayor se dice para hacer ver al personal que ya no eres una niña, pero mayor lo que es mayor tampoco soy. Aunque últimamente me empiezan a entrar las dudas: veo los juegos olímpicos y los deportistas ya no son mayores que yo. No es que no sean mayores que yo, es que los juegos olímpicos se basan en la explotación infantil: si a la chica que está haciendo el ejercido de asimétricas yo le saco 9 años es que hay un problema: ¡es una niña! porque yo mayor todavía no soy… El problema es que el otro día descubrí que Pablo Alborán tiene 23 años. 23 años ¡por Dios! pero si parece de mi edad, con su barbita, sus canciones…joe, o se lo inventa todo o si le han pasado ya tantas cosas ¡es que tiene una vida muy aprovechada!. Total, que me puse a hacer cuentas (es un decir – para restar 28-23 cuentas cuentas no me hacen falta) y eso, le saco 5 años….Pues va a ser que soy mayor, si….

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En el “mundo adulto” (ya está, ya lo he dicho) septiembre significa dejar el “modo lapa al sofá/la tumbona/la terraza” del verano y ponerse a hacer cosas. Por eso las hiper activas, “mal vagas” como yo estamos encantadas. Estar en la tumbona leyendo un libro y bañándote está bien, pero cuando por el calor de Madrid en agosto llegas a casa y lo único que haces es tumbarte en el sofá, sobre una sabana porque hasta el sofá te da calor, enchufar el aire y empezar a calcular la postura de mínimo contacto cuerpo-tela, tienes un problema. Pasaban los días y ni cocinaba, ni publicaba ni nada. Era como si ya no se me ocurriesen cosas que contar. En realidad llevo un año pensando que quiero cambiar el look, el contenido, pero al final seguía siempre lo mismo. Y si me aburría yo, no me quiero imaginar a los pobres dos despistados/as (buenísimas personas) que leían lo poco que publicaba.

Gracias a septiembre he decidido ponerme en serio con el cambio: de look y de contenido. De contenido lo tengo claro porque llevo rumiándolo unas cuantas semanas. En cuanto al look, me fallan mis queridas habilidades informáticas, que blogger ha cambiado el diseño y todos los tutoriales de google están hechos para el antiguo y que, aunque llevo meses preguntándole a TODO EL QUE CONOZCO si conocen diseñadores gráficos/informáticos/frikis del tema dispuestos a ayudarme a cambio de un soborno en forma de dulces, no he encontrado a nadie….El problema es que si espero a tener el look perfecto no empiezo nunca, porque siempre voy a querer cambiar algo, así que nada, teniendo claro el contenido, esto será como vivir en una casa en constantes obras: un día cambiaré la cocina, otro el baño, hasta conseguir mi pisito perfecto (qué ilusa….). Por ahora he cambiado de barrio: de blogger a wordpress…

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Ahora centrémonos en el contenido. Después de estar más de un año con el otro blog me he dado cuenta de que esto hay que hacerlo con ganas y si tienes algo que contar. No es cuestión de llegar a casa a todo correr, hacer lo primero que se te ocurre, una foto rápida, historieta al canto y pum, publicar. No es cuestión porque así la primera que se va a aburrir eres tú, y porque el blog pierde el rumbo.
Además en mi caso tengo un problema: lo mismo me gusta hacer unas magdalenas que comprar telas y ponerme a hacer cojines (sin saber coser, pero claro, eso para mi que soy doña impaciente, ¡es lo de menos!). Por eso esta vez el blog va a estar centrado en la cocina, que es lo que más me gusta del mundo, pero alguna otra cosilla caerá. Y en el tema de la cocina me voy a establecer retos: aprender a hacer pan casero, comer verduras “x” días a la semana, aprender a cocinar pescado (y a saber cuál es cuál en la pescadería porque a día de hoy no distingo una merluza de una pescadilla y no tengo ni idea del precio que tienen…) porque si no, conociéndome, esto acaba siendo bizcocho hoy, galletas mañana, tarta pasado y gofres al siguiente, y claro, o empiezo a repartir todo lo que haga por el vecindario, o renuevo vestuario porque ¡no hay pantalón en el que meta el culo!.
Si ¡hasta me he rebautizado! He sacado al “prince” que llevo dentro y he dicho adiós a “My Blue Kitchen” para adoptar lo que, a veces me parece el nombre más egocéntrico del mundo: “Me, Myself & My Kitchen” pero, en el fondo, ¿qué es esto sino mis desvaríos acerca de cosas que me gustan y que espero que no estén solo relacionados con la cocina?

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